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Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC BY 4.0)
Revista Cátedra, 9(1), pp. 134-151, enero-junio 2026. e-ISSN: 2631-2875
https://doi.org/10.29166/catedra.v9i1.7914
como un fin en sí mismo. Estos principios son esenciales para promover prácticas
evaluativas justas, formativas y alineadas con los propósitos del aprendizaje (Sánchez-
Mendiola y Martínez-González, 2022, pp. 17–21).
Así mismo, las características de la evaluación educativa tienen relación con el aprendizaje
del estudiante empezando con la pregunta que todo docente ha pensado ¿qué voy a
evaluar?, como eje central acompañado de las técnicas, estrategias e instrumentos
adecuados que brinde una posición actual del estudiante frente al conocimiento adquirido
en clase demostrado en una evaluación.
2.3.1 Criterios de evaluación
Los criterios de evaluación permiten identificar niveles de logro mediante referentes claros
y objetivos que guían la valoración del aprendizaje. Actúan como puente entre los objetivos
educativos y las evidencias recogidas en el aula, fortaleciendo la coherencia curricular.
Además, orientan la toma de decisiones pedagógicas y promueven la mejora continua del
proceso formativo (Sánchez-Mendiola y Martínez-González, 2022, pp. 21-23). En el caso de
la evaluación de operaciones algebraicas mediante rúbricas cuantitativas y cualitativas,
estos criterios permiten establecer descriptores precisos que guían tanto al docente como
al estudiante hacia el logro de competencias matemáticas claras y medibles.
2.3.2 Indicadores de evaluación
Los indicadores de evaluación permiten observar y valorar el grado de desarrollo de una
competencia o aprendizaje esperado a través de descripciones claras del desempeño del
estudiante. En este sentido, Gatica-Lara y Uribarren-Berrueta plantean que los criterios de
evaluación también denominados indicadores o guías constituyen elementos esenciales en
el diseño de rúbricas, pues reflejan los procesos y contenidos que se juzgan significativos
para el logro educativo. Estos deben estar acompañados por definiciones de calidad que
expliciten lo que el estudiante debe demostrar en cada nivel de logro, y estrategias de
puntuación que permitan distinguir desde un desempeño ejemplar hasta uno incipiente
(Gatica-Lara y Uribarren-Berrueta, 2013, pp. 62–64). Aplicar esta estructura al área de
matemáticas, y en particular al aprendizaje de las operaciones algebraicas, permite
construir rúbricas claras, objetivas y formativas que orientan tanto la enseñanza como la
evaluación del progreso estudiantil con base en evidencias observables y medibles.
2.3.3 Tipos de evaluación
En el ámbito académico, la evaluación constituye un eje esencial dentro del proceso de
enseñanza-aprendizaje, no solo permite valorar los resultados obtenidos por los
estudiantes, sino que también genera información relevante para ajustar y mejorar la
intervención pedagógica. Según Sánchez y Martínez, la evaluación educativa debe
concebirse como una actividad sistemática, continua e integrada al proceso formativo, que
cumple funciones diagnósticas, formativas y sumativas. La evaluación diagnóstica tiene
como propósito identificar los conocimientos previos, habilidades y actitudes al inicio de un
ciclo educativo; la evaluación formativa se centra en acompañar el aprendizaje
proporcionando retroalimentación constante; y la evaluación sumativa permite valorar los
logros alcanzados al finalizar una unidad o periodo (Sánchez-Mendiola y Martínez-
González, 2022, pp. 17–23). Esta visión integral de la evaluación es fundamental para
diseñar e implementar instrumentos como las rúbricas cuantitativas y cualitativas en el
área de matemáticas, pues facilita una valoración más completa y contextualizada del
aprendizaje de operaciones algebraicas en estudiantes de octavo año.
Esta perspectiva resulta especialmente pertinente en el contexto de la evaluación de
operaciones algebraicas, la implementación de rúbricas cuantitativas y cualitativas requiere