Revista Cátedra, 9(2), pp. 50-63, julio-diciembre 2026. e-ISSN: 2631-2875
https://doi.org/10.29166/catedra.v9i2.9947
Sin embargo, el examen de la realidad contemporánea revela una brecha estructural entre
el diseño puramente normativo de los códigos de convivencia y la escala de la violencia que
enfrenta el país. Estos instrumentos fueron proyectados para abordar conflictos de baja
intensidad propios de la dinámica escolar ordinaria: acoso escolar (bullying), indisciplina,
tensiones entre pares o incumplimiento de normas que inciden en el derecho a la educación.
Su arquitectura conceptual original no contempla escenarios en los que el entorno escolar
se encuentra permeado por las lógicas de la delincuencia organizada, el reclutamiento de
menores por redes de narcotráfico o la presencia de armas en los espacios educativos como
extensión de disputas territoriales externas.
Maldonado-Aranda y Vera-Cabrera ofrecen una crítica estructurada a las respuestas
estatales frente a la explosión de violencia, señalando que la ineficacia de las políticas
basadas exclusivamente en el populismo punitivo y la "mano dura" radica en que no
resuelven las causas estructurales del problema (Maldonado-Aranda y Vera-Cabrera, 2025).
Esta misma lógica se traslada, a escala micro, a los códigos de convivencia cuando se aplican
en contextos de violencia sistemática sin una adaptación real a dicha hostilidad, terminan
reducidos a herramientas formales carentes de capacidad efectiva de transformación o
protección.
Es importante distinguir, sin embargo, entre la ineficacia absoluta y la inadecuación
contextual. Los códigos de convivencia no son intrínsecamente estériles; pueden constituir,
si se reformulan y articulan con políticas macro de protección social, prevención del delito
y acompañamiento psicosocial, un componente valioso de una estrategia institucional
integral. La discusión académica según Maldonado-Aranda y Vera-Cabrera no debe
centrarse en su eliminación, sino en evaluar si en su diseño actual son pertinentes para el
Ecuador contemporáneo. Es así como la normativa de convivencia escolar no puede operar
como si la violencia que toca las puertas de la escuela fuera la misma que se vivía hace veinte
años. La realidad ha cambiado radicalmente y los instrumentos normativos deben
actualizarse en consecuencia (Maldonado-Aranda y Vera-Cabrera 2025).
1.4 El sicariato juvenil y la violencia en entornos educativos como
manifestaciones de la crisis
El sicariato juvenil constituye una de las manifestaciones más críticas de la penetración del
crimen organizado en el tejido social ecuatoriano. Baquerizo-Balladares, en una revisión
sistemática sobre el fenómeno, documenta cómo niños y adolescentes son reclutados,
instrumentalizados y desechados por organizaciones criminales que aprovechan las
condiciones de exclusión social para ofrecer recompensas económicas que, en contextos de
marginalidad, se presentan como una alternativa de supervivencia frente a la falta de
oportunidades (Baquerizo-Balladares, 2025). Este fenómeno no puede ser comprendido sin
atender a sus raíces estructurales: la inseguridad económica, la segregación territorial, la
deserción escolar y el colapso de los referentes tradicionales de autoridad legítima.
Por su parte, Sabando-Ordóñez y Cruz-Marte, en su análisis sobre los predictores de la
violencia en Ecuador publicado en la revista Aula 24, identifica la relación entre el
adolescente en situación de microtráfico y el impacto de la aplicación histórica de las tablas
de umbrales de consumo como un factor criminógeno específico. Dicha herramienta,
introducida originalmente con la intención de distinguir el consumo de la comercialización,