Textos y contextos Nº 22
86 Mayo 2021 - Octubre 2021
ROMMEL OMAR AQUIETA NÚÑEZ
La trinchera permanente: Guerra,
propaganda y campañas electorales
Rosario: Universidad Nacional de Rosario • 77 páginas
Miguel Vázquez Liñán. • 2020
Durante los primeros meses de la pandemia del coronavirus que gol-
peó al mundo, las tasas de lectura y escritura aumentaron considerablemente
en muchas partes debido al aislamiento y las estrictas normas impuestas por
los gobiernos. Más de un año después de la declaración de los estados de
alarma globales, empezamos a recoger los frutos académicos de este en-
claustramiento. Entre los libros más recientes escritos durante la pandemia
se encuentra la obra de Miguel Vázquez Liñán, profesor en la Universidad
de Sevilla (España), que analiza de manera científica y sencilla la relación
entre las crisis (la guerra declarada contra el virus, por ejemplo), las campañas
electorales (como periodos de guerra donde se emplea el discurso y lenguaje
bélico) y el uso de ciertos métodos de propaganda política por parte de los
medios de comunicación. El autor no oculta que el libro es producto de una
coyuntura determinada, es decir, de un contexto marcado por un estado de ánimo provocado por el aisla-
miento y marcado por el desconcierto, la ansiedad y la ira. En sus propias palabras:
la “declaración de guerra” al coronavirus nos sumergió, súbitamente, en un entorno de batalla simbólica que disparó
todo tipo de miedos, sospechas, desconfianzas, ansiedades, limitó nuestros derechos y libertades y contribuyó a aumentar
la sensación de peligro e incertidumbre sobre el pasado y el futuro. Se suele decir que en situaciones “extremas” como la
guerra, los seres humanos dejamos ver lo mejor y lo peor de nosotros mismos. Es cierto que ambos extremos son argumen-
tables, pero no conviene olvidar que la guerra, en sí misma, es ejemplo máximo de lo peor (pp. 11-12).
Todos esos factores y sentimientos estuvieron muy presentes en los medios de comunicación, que
mostraban los hospitales como campos de batalla contra el enemigo, iniciando sus noticieros con un “parte
de guerra” en el que se contabilizaban los muertos, los contagiados y los recuperados. A todo esto, se suma
la descripción mediática del avance del enemigo invisible y su ocupación de nuevos territorios. Y, por si faltara
algún detalle, militares en las ruedas de prensas oficiales todos los días.
Vázquez Liñán trata el tema de las campañas de propaganda política durante los períodos electorales afir-
mando que en éstas se aplica también la misma lógica de la “guerra contra la epidemia”. Las campañas electorales
se muestran como feroces batallas entre enemigos políticos que luchan por ganar la mayor parte del poder. Mien-
tras tanto,echan mano del discurso de la guerra para llamar la atención y advertirnos de la importancia que tiene
nuestro voto, en una situación frecuentemente planteada como crítica o decisiva para el país” (p. 23).
DOI: https://doi.org/10.29166/tyc.v1i22.3037
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El estallido de octubre: apuntes críticos sobre la foto emblemática…
El autor aborda también los efectos psicológicos y físicos de la guerra en quienes la viven, pero más
importante aún son las justificaciones que se presentan para librarlas. Afirma, así, que cualquier estudio serio
sobre la guerra no puede estar completo sin abordar la propaganda difundida por cada bando. Además de
los canales más evidentes, como la televisión, radio, periódicos o redes sociales, la comunicación bélica tam-
bién se difunde a través de libros escolares, literatura, arte, museos, videojuegos, estatuas, monumentos y
lugares emblemáticos en nuestras ciudades, que fueron diseñados y esculpidos para que algunas de las ba-
tallas pasadas permanecen presentes con el paso del tiempo. La guerra también está en nuestras identidades
nacionales, en los símbolos de nuestros países, como las banderas, los himnos, la memoria colectiva y los
desfiles militares que perpetúan la memoria nacional.
La guerra es una narrativa que pasa por nuestra conciencia, por los sistemas de comunicación
de los que nos nutrimos. En consecuencia, es importante comprender el funcionamiento de estos sis-
temas que se consideran como un elemento crucial a la hora de analizar la “cultura de la guerra” pro-
fundamente arraigada en nosotros. En este contexto, el autor cree que los mensajes que recibimos en
los sistemas educativos, los medios de comunicación, así como nuestras redes, ya sean analógicas o
digitales, nos ayudan a construir identidades y percepciones del mundo, y así tomar decisiones sobre
el entorno en que vivimos.
En este contexto, como experto en propaganda política, Miguel Vázquez Liñán nos ofrece una intere-
sante definición de la propaganda de guerra. Para el autor es
aquella que pretende justificar, ética y jurídicamente, el conflicto armado, así como mantener alto el ánimo y la uni-
dad de combatientes y la retaguardia, mientras construye (atacando) al enemigo y fomenta la división en bandos enfrentados
aparentemente irreconciliables. Divide, simplifica y confronta, apelando a nuestras emociones para conseguirlo; recurre a
nuestros miedos para hacernos más vulnerables y manipulables, así como para provocar rabia u odio siempre con el objetivo
de atender las metas que el propagandista se ha fijado (p. 21).
El autor también explica por qué la retórica de guerra contagia las campañas electorales, sosteniendo
que los propagandistas entienden que ambos fenómenos son congruentes. En ellos, el discurso se polariza
y se intensifican los ritmos de su producción y difusión. Recurren a la simplificación de los mensajes para que
lleguen a todos los estratos sociales. Asimismo, el nivel de uso de la mentira en las campañas electorales au-
menta considerablemente cuantitativa y cualitativamente, con la conciencia de que cuando se descubra la
verdad, será demasiado tarde y las metas se habrán cumplido.
Durante las campañas electorales, la propaganda se vuelve conmovedora, y su objetivo no
es explicar propuestas ni persuadir a los votantes, sino movilizar a un gran número de personas lo
más rápido posible en la dirección de quienes diseñan la estrategia. La campaña electoral se con-
vierte en una repetición organizada de la orquesta del partido, y así se intensifica la competencia
para inventar la frase mágica que invoca y arrasa en Twitter e impone aplausos en los mítines elec-
torales cuando el locutor alza el tono con entusiasmo. En mitad de esto, los medios de comunicación
preparan el terreno para mostrar estas emocionantes escenas, muy demandadas por nuestras “so-
ciedades del espectáculo”.
En conclusión, Vázquez Liñán propone cuatro claves que ayudan a comprender la compleja re-
lación entre la guerra y los procesos electorales, donde aparece la propaganda política como un de-
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nominador común: (1) el uso del lenguaje de la guerra en las campañas electorales, muy común en
nuestro tiempo; (2) el empleo de la guerra como tema electoral, en concreto, el uso político de la me-
moria colectiva y las guerras del pasado; (3) el empleo del discurso de los derechos humanos para lle-
varnos a las “guerras humanitarias”; y (4) el uso de desinformación durante las campañas electorales
o fake news.
Bachir Mohamed Lahsen
Correo: bachir.lahsen@gmail.com