
Yamile Montalvo
REVISTA ECONOMÍA , mayo 2026 | pISSN | eISSN 2697-3332 105
privilegiados, quienes generalmente utilizan el acceso al crédito para aumentar su
control en los distintos sectores de la economía (p. 55). En consecuencia, las socieda-
des humanas han utilizado el control político, económico, religioso, educativo, etc.,
para legitimar instituciones que tienen una función principal: dar a un grupo limi-
tado de personas el control sobre los recursos, y lo que resulta de aquello: excluir a
otras personas del uso y control de los mismos (North, 2009, p. 115).
La cuestión de las desigualdades, si bien, ha sido un tema abordado desde dife-
rentes perspectivas (Myrdal, 1979; Sen, 2000; North, 2009; Acemoglu y Robinson, 2012;
Piketty, 2015; Harvey, 2001; Milanovic, 2017), ha planteado nuevas formas de pensar
la economía a partir de las dimensiones de la desigualdad no solo de ingreso, sino
también en acceso a educación, salud, oportunidades, entre otros (Milanovic, 2017;
Sen, 2000), lo cual abre un escenario de desequilibrios entre grupos, regiones, países
y territorios, especialmente entre lo urbano y lo rural (Álvarez et al., 2022, p. 9).
Los desequilibrios, según sea su naturaleza, generan nuevos desafíos ligados a
las capacidades de resiliencia de los territorios, en contextos de transformaciones
aceleradas y cíclicas propias de la globalización. En este contexto, las sociedades
formulan y desarrollan respuestas a las desigualdades sociales y territoriales, por
medio de los diversos actores en los espacios urbanos y rurales (Martínez, 2022,
p. 2). Es así que, en el ámbito nanciero tales respuestas surgen frente a la maxi-
mización y concentración del dinero en manos de las élites, provocando inversión
discriminada en determinadas actividades, junto con la no inversión o desinver-
sión en otras. Como resultado de aquello, permanentes ujos de los recursos locales
recorren hacia los grandes centros nancieros, provocando procesos continuos de
exclusión nanciera en territorios especícos como los rurales.
La exclusión nanciera es denida como «la incapacidad de acceder a los
servicios nancieros básicos de una forma adecuada. Surge como resultado de pro-
blemas en el acceso, las condiciones, los precios, el marketing o la autoexclusión
en respuesta a diferentes experiencias o intuiciones negativas» (Singer, 2002, p. 6).
Algunas consecuencias de esta dinámica, tienen que ver con la vulnerabilidad e
inseguridad en la gestión del dinero, el uso de fuentes ilegales de nanciamiento y
la falta de educación nanciera.
Las nanzas solidarias adhieren a un amplio y diverso abanico de experiencias
que surgen como respuesta a la exclusión nanciera de grupos de personas que,
libremente asociadas, autogestionan sus propios recursos económicos para satisfa-
cer sus legítimas demandas de servicios de ahorro y crédito (Montalvo, 2020, p. 356).
En este sentido, son formas de democratización del sistema nanciero (Muñoz,
2013, p. 217) y tienen como objetivo fomentar el ahorro y el crédito en benecio
de la comunidad que ha sido excluida y limitada de la banca tradicional (Coraggio,
2011; Muñoz, 2013). Por tanto, implica «pasar de la visión mercantilista en las acti-
vidades nancieras, hacia una visión solidaria donde existan reglas aceptadas de
distribución y arreglos de algún tipo de reciprocidad» (Coraggio, 2011, p. 103).
Desde esta perspectiva, las actividades de intermediación nanciera abarcan y
articulan un conjunto de actividades basadas en relaciones de solidaridad y recipro-
cidad, y, en ese sentido, son una respuesta que se ajusta a las necesidades nancieras
de la población (Ortega, 2008, p. 38). A diferencia de la banca convencional, la na-
lidad última de estas organizaciones es la producción y reproducción de la vida a