Introducción
Imaginarios Socioliterarios
Cristina Bastidas Redin
Irene Villaescusa Illán
En estos tiempos turbulentos, quizá lo primero que se nos
ocurre es imaginar la literatura como un oásis intacto, un último
refugio donde el poder aún no ha logrado instalarse y desde el
cual podríamos sobrevivir a la violencia del mundo. Tal imagen,
sin embargo, resulta ingenua. Los escritores, los literatos, las
letras que decidimos incluir y aquellas que conscientemente
suprimimos responden a elecciones profundamente inscritas
en nuestro habitar el mundo como sujetos atravesados por la
clase, la identidad, el género, el territorio y sus historias de
dominación. Nombrar algo —en el poema, en la novela, en el
ensayo— y, en consecuencia condenar otras realidades al
silencio y la opacidad, es siempre un acto político. La ausencia
de palabras se aproxima peligrosamente a la muerte: lo que no
se nombra, ¿acaso existe?
La filósofa Marina Garcés ha señalado que vivimos bajo el
influjo de un gran relato apocalíptico que alimenta imaginarios
fatalistas al tiempo que erige la innovación técnica y el impera-
tivo mercantil como únicas salidas posibles. En un planeta que
parece desmoronarse al compás de la concentración obscena
de la riqueza, la representación del colonialismo en clave neoli-
TEMA CENTRAL
sobre lo femenino”. En ambos casos, la mujer sigue siendo el
objeto de deseo y la musa de las canciones románticas popula-
res.
Este brevísimo paseo por la literatura ecuatoriana de otros
países vecinos nos muestra las luchas, fragmentaciones y resis-
tencias que se han librado en este territorio de la aldea global
y que han sido moldeadas por la palabra. La literatura actúa
como un grito que marca el tenor de un tiempo que se fue y
que vuelve. El colonialismo que veíamos superado con el naci-
miento de las repúblicas sigue siendo denunciado hoy en las
literatas ecuatorianas que lo perciben como una fuerza que
controla sus cuerpos, sus deseos, sus vidas. Unas luchas y resis-
tencias que los poetas del siglo XX las veían en los partidos
políticos, las luchas anti imperialistas y todo el clamor moviliza-
dor de la izquierda de esa época y que hoy sigue vigente en
un mundo que no deja de explotar los recursos y que convierte
al país en una periferia al servicio del consumo global. La litera-
tura ecuatoriana y latinoamericana se coloca sobre ese escena-
rio apocalíptico en el que parece que hay poco por hacer pero
desde un talante tranformador donde el placer de lo estético,
el tiempo no productivo, la sonoridad y musicalidad, el baile,
la diversidad parecen resistir a la homogeneidad capitalista
global. Esperamos que este monográfico sobre imaginarios
sociales y literarios nos sirva para afirmar una vez más que la
literatura y la sociedad son indisociables.
A pesar de la diversidad de trabajos que componen este
número, no hemos podido hacer justicia a la rica y diversa
literatura de Ecuador. Somos conscientes de que hay muchos
autores ecuatorianos que autopublican sus obras o las publi-
can en editoriales independientes y cartoneras, y que merecen
mucha atención, pero que han quedado fuera de este proyec-
to. Esperamos enmendar esta situación con más publicaciones
y en futuros encuentros. No queremos acabar esta introduc-
ción sin expresar nuestro más sincero agradecimiento a dos
beral y la crisis ecológica sin precedentes, la palabra corre el
riesgo de limitarse a anunciar el fin. No obstante, la inquietud
que comparte Garcés apunta precisamente a ese vaciamiento:
cuando el discurso se obsesiona con la catástrofe, deja de
hablar de la vida que resiste, de las posibilidades que se inven-
tan al margen del mercado y de la Historia con mayúscula, las
que nos preceden y las que todavía estamos escribiendo al
insistir en habitar el presente.
Así, en este número pretendemos encaminarnos hacia la
discusión de los imaginarios presentes en la literatura ecuato-
riana y latinoamericana que sustentan la vida y que son testi-
monio de la vitalidad de la literatura en ese contexto de necro-
política. El capítulo introductorio de Irene Villaescusa Illán
sostiene que los imaginarios sociales y literarios no están sepa-
rados, los dos se producen, se cuestionan y se transforman a sí
mismos. Ella nos recuerda que la capacidad de imaginar prece-
de a la capacidad de crear, y que escribir es, por lo tanto, crear
mundo. Insiste en que tanto la imagen visual como la imagen
poética —mediada por la palabra— comportan todo el poder
de representarnos, y pueden hacerlo justa e injustamente. Su
artículo nos anima a reconocer el poder que tienen los imagi-
narios literarios precisamente para vislumbrar las experiencias
de los borrados del imaginario, y por tanto a contra-imaginar.
Dos artículos de esta serie exploran la historia de esos
imaginarios literarios en Ecuador. El artículo de Ximena Grijalva
menciona que la literatura en el siglo XIX ayudó a nombrar ese
paso de la sociedad colonial estamental hacia la conformación
del estado nación en Ecuador. Su artículo señala el papel que
tuvieron los intelectuales y literatos del siglo XIX en la cons-
trucción del Estado como “ciudad letrada” y en la consolida-
ción de imaginarios de modernización que dominaron esta
época. Por otro lado, el artículo de Pablo Meriguet nos habla
de la trayectoria de la poesía social en Ecuador y la entiende
como una suerte de voluntad expresada “en el acto consciente
escritores que nos acompañaron de diferentes maneras en el
congreso del que deriva esta publicación. En primer lugar,
agradecemos a Raúl Puma, poeta y profesor de la Universidad
Central, su asistencia y participación en los debates del
encuentro. En segundo lugar, y con especial cariño, agradece-
mos a Daniela Alcívar Bellolio, escritora, crítica literaria y direc-
tora del Centro Cultural Benjamín Carrión, que cerró los dos
días de charlas en nuestra mesa redonda. Daniela nos orientó
con gran lucidez sobre los caminos y los obstáculos del mundo
editorial, nos habló de su compleja relación con la crítica y la
academia y, también de su íntima relación con la escritura y las
palabras.
misma, sino que es una “herramienta de reivindicación cultu-
ral”. El énfasis que el artículo pone en el estudio de los sonidos
del dialecto afroecuatoriano presenta la literatura como un
altavoz para los cuerpos y las lenguas vivas que la modulan
conforme a sus ritmos.
Además de recuperar un imaginario de los territorios, las
historias y las comunidades borradas, marginadas, pasadas y
presentes, la literatura, y en concreto la ciencia ficción, tam-
bién construye otras visiones de la realidad que nos ayudan a
problematizar nuestra ética. Martín Aulestia, en su aportación a
este número, defiende que la ciencia ficción es “un artefacto
cultural capaz de anticipar, comprender y problematizar las
relaciones contemporáneas entre tecnología, lenguaje, cere-
bro y sociedad.” De su estudio se desprende la idea de que de
los imaginarios literarios de la tecnociencia y la neuroestética
están motivados por la fantasía del progreso tecnológico. Esta
fantasía no es más que un relato futurista reflejado, en la actua-
lidad, por las ideas del transhumanismo. Entender el futuro
tecnológico como un capítulo más del relato moderno colonial
y del capitalismo como ficción puede despertar la consciencia
de sus límites y abrir la posibiliadad de construir un futuro más
justo.
Por último, la aportación de Grace Merino y Jorge Luis
Acanda nos descubre el vínculo de la música con el imaginario
social, en concreto con el del amor romántico desde diferentes
perspectivas y momentos historicos. Su análisis de una canción
del guatemalteto Ricardo Arjona de los años 90 y del cubano
Noel Ricola de los 70, precedida de un rico recorrido histórico
bajo una lente feminista, subraya con eficacia las diferentes
maneras en las que se conciben las relaciones amorosas entre
un hombre y una mujer. En sus propias palabras, estos autores
defienden que mientras que “el Romanticismo reaccionario
construye una imagen sobre la mujer conservadora, el Roman-
ticismo revolucionario construye una representación liberadora
de la escritura en donde el yo poético se transforma en el
nosotros poético”. Así esencialmente, desde su punto de vista
la poesía social en Ecuador está dada por un conjunto de
movilizaciones, insurgencias, luchas sociales, anti imperialismo
y que esto obligó a los autores a arrastrarse por esas corrien-
tes.
En esta serie también se recojen discusiones más contem-
poránea de la literatura ecuatoriana. En concreto, estos textos
señalan las aportaciones de actores sociales que hasta el siglo
XX fueron invisibilizados pasan a ser fundamentales en la litera-
tura contemporánea: los imaginarios de pueblos originarios y
los de las mujeres escritoras. Ambos han editado, publicado y
atravesado fronteras tranformado sus experiencias y modos de
ver el mundo en verdaderas obras de arte para el público
latinoamericano y europeo. La aportación de Paula Espinosa
nos hace reflexionar sobre qué son los imaginarios del miedo a
través de la obra cuentística de Maria Fernanda Ampuero. En
concreto, el análisis de una cuidadosa selección de cuentos,
nos ayuda a entender “el sistema narrativo intencional” de
esta autora para codificar el horror y lo grotesco en la violencia
sexual contra las mujeres y también contra los hombres. Esta
violencia se vuelve más terrorífica por su universalidad, ya que
se esconde, a plena luz del día, en los espacios domésticos
más íntimos. Apoyados por la lectura teórica de Espinosa
entendemos que Pelea de Gallos no es un conjunto de relatos
de entretenimiento, como se dice de la literatura de terror, sino
un imaginario escalofriante de la realidad más inmediata que
más que entretener, incomoda.
El artículo de Patricia Ricaurte, por su parte, recupera la
oralidad y la ancestralidad de las culturas afro en su singulari-
dad ecuatoriana de la región de Esmeraldas. Lo hace mediante
un análisis sociolingüístico de la novela Fiebre de Carnaval de
Yuliana Ortiz. Este artículo demuestra que la literatura no es
solamente un repositorio de alta cultura ensimismada consigo
6Revista “Sociología y Política HOY” No 12, Enero - Junio 2026
Introducción
Imaginarios Socioliterarios
Cristina Bastidas Redin
Irene Villaescusa Illán
En estos tiempos turbulentos, quizá lo primero que se nos
ocurre es imaginar la literatura como un oásis intacto, un último
refugio donde el poder aún no ha logrado instalarse y desde el
cual podríamos sobrevivir a la violencia del mundo. Tal imagen,
sin embargo, resulta ingenua. Los escritores, los literatos, las
letras que decidimos incluir y aquellas que conscientemente
suprimimos responden a elecciones profundamente inscritas
en nuestro habitar el mundo como sujetos atravesados por la
clase, la identidad, el género, el territorio y sus historias de
dominación. Nombrar algo —en el poema, en la novela, en el
ensayo— y, en consecuencia condenar otras realidades al
silencio y la opacidad, es siempre un acto político. La ausencia
de palabras se aproxima peligrosamente a la muerte: lo que no
se nombra, ¿acaso existe?
La filósofa Marina Garcés ha señalado que vivimos bajo el
influjo de un gran relato apocalíptico que alimenta imaginarios
fatalistas al tiempo que erige la innovación técnica y el impera-
tivo mercantil como únicas salidas posibles. En un planeta que
parece desmoronarse al compás de la concentración obscena
de la riqueza, la representación del colonialismo en clave neoli-
sobre lo femenino”. En ambos casos, la mujer sigue siendo el
objeto de deseo y la musa de las canciones románticas popula-
res.
Este brevísimo paseo por la literatura ecuatoriana de otros
países vecinos nos muestra las luchas, fragmentaciones y resis-
tencias que se han librado en este territorio de la aldea global
y que han sido moldeadas por la palabra. La literatura actúa
como un grito que marca el tenor de un tiempo que se fue y
que vuelve. El colonialismo que veíamos superado con el naci-
miento de las repúblicas sigue siendo denunciado hoy en las
literatas ecuatorianas que lo perciben como una fuerza que
controla sus cuerpos, sus deseos, sus vidas. Unas luchas y resis-
tencias que los poetas del siglo XX las veían en los partidos
políticos, las luchas anti imperialistas y todo el clamor moviliza-
dor de la izquierda de esa época y que hoy sigue vigente en
un mundo que no deja de explotar los recursos y que convierte
al país en una periferia al servicio del consumo global. La litera-
tura ecuatoriana y latinoamericana se coloca sobre ese escena-
rio apocalíptico en el que parece que hay poco por hacer pero
desde un talante tranformador donde el placer de lo estético,
el tiempo no productivo, la sonoridad y musicalidad, el baile,
la diversidad parecen resistir a la homogeneidad capitalista
global. Esperamos que este monográfico sobre imaginarios
sociales y literarios nos sirva para afirmar una vez más que la
literatura y la sociedad son indisociables.
A pesar de la diversidad de trabajos que componen este
número, no hemos podido hacer justicia a la rica y diversa
literatura de Ecuador. Somos conscientes de que hay muchos
autores ecuatorianos que autopublican sus obras o las publi-
can en editoriales independientes y cartoneras, y que merecen
mucha atención, pero que han quedado fuera de este proyec-
to. Esperamos enmendar esta situación con más publicaciones
y en futuros encuentros. No queremos acabar esta introduc-
ción sin expresar nuestro más sincero agradecimiento a dos
beral y la crisis ecológica sin precedentes, la palabra corre el
riesgo de limitarse a anunciar el fin. No obstante, la inquietud
que comparte Garcés apunta precisamente a ese vaciamiento:
cuando el discurso se obsesiona con la catástrofe, deja de
hablar de la vida que resiste, de las posibilidades que se inven-
tan al margen del mercado y de la Historia con mayúscula, las
que nos preceden y las que todavía estamos escribiendo al
insistir en habitar el presente.
Así, en este número pretendemos encaminarnos hacia la
discusión de los imaginarios presentes en la literatura ecuato-
riana y latinoamericana que sustentan la vida y que son testi-
monio de la vitalidad de la literatura en ese contexto de necro-
política. El capítulo introductorio de Irene Villaescusa Illán
sostiene que los imaginarios sociales y literarios no están sepa-
rados, los dos se producen, se cuestionan y se transforman a sí
mismos. Ella nos recuerda que la capacidad de imaginar prece-
de a la capacidad de crear, y que escribir es, por lo tanto, crear
mundo. Insiste en que tanto la imagen visual como la imagen
poética —mediada por la palabra— comportan todo el poder
de representarnos, y pueden hacerlo justa e injustamente. Su
artículo nos anima a reconocer el poder que tienen los imagi-
narios literarios precisamente para vislumbrar las experiencias
de los borrados del imaginario, y por tanto a contra-imaginar.
Dos artículos de esta serie exploran la historia de esos
imaginarios literarios en Ecuador. El artículo de Ximena Grijalva
menciona que la literatura en el siglo XIX ayudó a nombrar ese
paso de la sociedad colonial estamental hacia la conformación
del estado nación en Ecuador. Su artículo señala el papel que
tuvieron los intelectuales y literatos del siglo XIX en la cons-
trucción del Estado como “ciudad letrada” y en la consolida-
ción de imaginarios de modernización que dominaron esta
época. Por otro lado, el artículo de Pablo Meriguet nos habla
de la trayectoria de la poesía social en Ecuador y la entiende
como una suerte de voluntad expresada “en el acto consciente
escritores que nos acompañaron de diferentes maneras en el
congreso del que deriva esta publicación. En primer lugar,
agradecemos a Raúl Puma, poeta y profesor de la Universidad
Central, su asistencia y participación en los debates del
encuentro. En segundo lugar, y con especial cariño, agradece-
mos a Daniela Alcívar Bellolio, escritora, crítica literaria y direc-
tora del Centro Cultural Benjamín Carrión, que cerró los dos
días de charlas en nuestra mesa redonda. Daniela nos orientó
con gran lucidez sobre los caminos y los obstáculos del mundo
editorial, nos habló de su compleja relación con la crítica y la
academia y, también de su íntima relación con la escritura y las
palabras.
misma, sino que es una “herramienta de reivindicación cultu-
ral”. El énfasis que el artículo pone en el estudio de los sonidos
del dialecto afroecuatoriano presenta la literatura como un
altavoz para los cuerpos y las lenguas vivas que la modulan
conforme a sus ritmos.
Además de recuperar un imaginario de los territorios, las
historias y las comunidades borradas, marginadas, pasadas y
presentes, la literatura, y en concreto la ciencia ficción, tam-
bién construye otras visiones de la realidad que nos ayudan a
problematizar nuestra ética. Martín Aulestia, en su aportación a
este número, defiende que la ciencia ficción es “un artefacto
cultural capaz de anticipar, comprender y problematizar las
relaciones contemporáneas entre tecnología, lenguaje, cere-
bro y sociedad.” De su estudio se desprende la idea de que de
los imaginarios literarios de la tecnociencia y la neuroestética
están motivados por la fantasía del progreso tecnológico. Esta
fantasía no es más que un relato futurista reflejado, en la actua-
lidad, por las ideas del transhumanismo. Entender el futuro
tecnológico como un capítulo más del relato moderno colonial
y del capitalismo como ficción puede despertar la consciencia
de sus límites y abrir la posibiliadad de construir un futuro más
justo.
Por último, la aportación de Grace Merino y Jorge Luis
Acanda nos descubre el vínculo de la música con el imaginario
social, en concreto con el del amor romántico desde diferentes
perspectivas y momentos historicos. Su análisis de una canción
del guatemalteto Ricardo Arjona de los años 90 y del cubano
Noel Ricola de los 70, precedida de un rico recorrido histórico
bajo una lente feminista, subraya con eficacia las diferentes
maneras en las que se conciben las relaciones amorosas entre
un hombre y una mujer. En sus propias palabras, estos autores
defienden que mientras que “el Romanticismo reaccionario
construye una imagen sobre la mujer conservadora, el Roman-
ticismo revolucionario construye una representación liberadora
de la escritura en donde el yo poético se transforma en el
nosotros poético”. Así esencialmente, desde su punto de vista
la poesía social en Ecuador está dada por un conjunto de
movilizaciones, insurgencias, luchas sociales, anti imperialismo
y que esto obligó a los autores a arrastrarse por esas corrien-
tes.
En esta serie también se recojen discusiones más contem-
poránea de la literatura ecuatoriana. En concreto, estos textos
señalan las aportaciones de actores sociales que hasta el siglo
XX fueron invisibilizados pasan a ser fundamentales en la litera-
tura contemporánea: los imaginarios de pueblos originarios y
los de las mujeres escritoras. Ambos han editado, publicado y
atravesado fronteras tranformado sus experiencias y modos de
ver el mundo en verdaderas obras de arte para el público
latinoamericano y europeo. La aportación de Paula Espinosa
nos hace reflexionar sobre qué son los imaginarios del miedo a
través de la obra cuentística de Maria Fernanda Ampuero. En
concreto, el análisis de una cuidadosa selección de cuentos,
nos ayuda a entender “el sistema narrativo intencional” de
esta autora para codificar el horror y lo grotesco en la violencia
sexual contra las mujeres y también contra los hombres. Esta
violencia se vuelve más terrorífica por su universalidad, ya que
se esconde, a plena luz del día, en los espacios domésticos
más íntimos. Apoyados por la lectura teórica de Espinosa
entendemos que Pelea de Gallos no es un conjunto de relatos
de entretenimiento, como se dice de la literatura de terror, sino
un imaginario escalofriante de la realidad más inmediata que
más que entretener, incomoda.
El artículo de Patricia Ricaurte, por su parte, recupera la
oralidad y la ancestralidad de las culturas afro en su singulari-
dad ecuatoriana de la región de Esmeraldas. Lo hace mediante
un análisis sociolingüístico de la novela Fiebre de Carnaval de
Yuliana Ortiz. Este artículo demuestra que la literatura no es
solamente un repositorio de alta cultura ensimismada consigo
Introducción
7 Red de Carreras de Sociología y Ciencias Políticas del Ecuador
Introducción
Imaginarios Socioliterarios
Cristina Bastidas Redin
Irene Villaescusa Illán
En estos tiempos turbulentos, quizá lo primero que se nos
ocurre es imaginar la literatura como un oásis intacto, un último
refugio donde el poder aún no ha logrado instalarse y desde el
cual podríamos sobrevivir a la violencia del mundo. Tal imagen,
sin embargo, resulta ingenua. Los escritores, los literatos, las
letras que decidimos incluir y aquellas que conscientemente
suprimimos responden a elecciones profundamente inscritas
en nuestro habitar el mundo como sujetos atravesados por la
clase, la identidad, el género, el territorio y sus historias de
dominación. Nombrar algo —en el poema, en la novela, en el
ensayo— y, en consecuencia condenar otras realidades al
silencio y la opacidad, es siempre un acto político. La ausencia
de palabras se aproxima peligrosamente a la muerte: lo que no
se nombra, ¿acaso existe?
La filósofa Marina Garcés ha señalado que vivimos bajo el
influjo de un gran relato apocalíptico que alimenta imaginarios
fatalistas al tiempo que erige la innovación técnica y el impera-
tivo mercantil como únicas salidas posibles. En un planeta que
parece desmoronarse al compás de la concentración obscena
de la riqueza, la representación del colonialismo en clave neoli-
sobre lo femenino”. En ambos casos, la mujer sigue siendo el
objeto de deseo y la musa de las canciones románticas popula-
res.
Este brevísimo paseo por la literatura ecuatoriana de otros
países vecinos nos muestra las luchas, fragmentaciones y resis-
tencias que se han librado en este territorio de la aldea global
y que han sido moldeadas por la palabra. La literatura actúa
como un grito que marca el tenor de un tiempo que se fue y
que vuelve. El colonialismo que veíamos superado con el naci-
miento de las repúblicas sigue siendo denunciado hoy en las
literatas ecuatorianas que lo perciben como una fuerza que
controla sus cuerpos, sus deseos, sus vidas. Unas luchas y resis-
tencias que los poetas del siglo XX las veían en los partidos
políticos, las luchas anti imperialistas y todo el clamor moviliza-
dor de la izquierda de esa época y que hoy sigue vigente en
un mundo que no deja de explotar los recursos y que convierte
al país en una periferia al servicio del consumo global. La litera-
tura ecuatoriana y latinoamericana se coloca sobre ese escena-
rio apocalíptico en el que parece que hay poco por hacer pero
desde un talante tranformador donde el placer de lo estético,
el tiempo no productivo, la sonoridad y musicalidad, el baile,
la diversidad parecen resistir a la homogeneidad capitalista
global. Esperamos que este monográfico sobre imaginarios
sociales y literarios nos sirva para afirmar una vez más que la
literatura y la sociedad son indisociables.
A pesar de la diversidad de trabajos que componen este
número, no hemos podido hacer justicia a la rica y diversa
literatura de Ecuador. Somos conscientes de que hay muchos
autores ecuatorianos que autopublican sus obras o las publi-
can en editoriales independientes y cartoneras, y que merecen
mucha atención, pero que han quedado fuera de este proyec-
to. Esperamos enmendar esta situación con más publicaciones
y en futuros encuentros. No queremos acabar esta introduc-
ción sin expresar nuestro más sincero agradecimiento a dos
beral y la crisis ecológica sin precedentes, la palabra corre el
riesgo de limitarse a anunciar el fin. No obstante, la inquietud
que comparte Garcés apunta precisamente a ese vaciamiento:
cuando el discurso se obsesiona con la catástrofe, deja de
hablar de la vida que resiste, de las posibilidades que se inven-
tan al margen del mercado y de la Historia con mayúscula, las
que nos preceden y las que todavía estamos escribiendo al
insistir en habitar el presente.
Así, en este número pretendemos encaminarnos hacia la
discusión de los imaginarios presentes en la literatura ecuato-
riana y latinoamericana que sustentan la vida y que son testi-
monio de la vitalidad de la literatura en ese contexto de necro-
política. El capítulo introductorio de Irene Villaescusa Illán
sostiene que los imaginarios sociales y literarios no están sepa-
rados, los dos se producen, se cuestionan y se transforman a sí
mismos. Ella nos recuerda que la capacidad de imaginar prece-
de a la capacidad de crear, y que escribir es, por lo tanto, crear
mundo. Insiste en que tanto la imagen visual como la imagen
poética —mediada por la palabra— comportan todo el poder
de representarnos, y pueden hacerlo justa e injustamente. Su
artículo nos anima a reconocer el poder que tienen los imagi-
narios literarios precisamente para vislumbrar las experiencias
de los borrados del imaginario, y por tanto a contra-imaginar.
Dos artículos de esta serie exploran la historia de esos
imaginarios literarios en Ecuador. El artículo de Ximena Grijalva
menciona que la literatura en el siglo XIX ayudó a nombrar ese
paso de la sociedad colonial estamental hacia la conformación
del estado nación en Ecuador. Su artículo señala el papel que
tuvieron los intelectuales y literatos del siglo XIX en la cons-
trucción del Estado como “ciudad letrada” y en la consolida-
ción de imaginarios de modernización que dominaron esta
época. Por otro lado, el artículo de Pablo Meriguet nos habla
de la trayectoria de la poesía social en Ecuador y la entiende
como una suerte de voluntad expresada “en el acto consciente
escritores que nos acompañaron de diferentes maneras en el
congreso del que deriva esta publicación. En primer lugar,
agradecemos a Raúl Puma, poeta y profesor de la Universidad
Central, su asistencia y participación en los debates del
encuentro. En segundo lugar, y con especial cariño, agradece-
mos a Daniela Alcívar Bellolio, escritora, crítica literaria y direc-
tora del Centro Cultural Benjamín Carrión, que cerró los dos
días de charlas en nuestra mesa redonda. Daniela nos orientó
con gran lucidez sobre los caminos y los obstáculos del mundo
editorial, nos habló de su compleja relación con la crítica y la
academia y, también de su íntima relación con la escritura y las
palabras.
misma, sino que es una “herramienta de reivindicación cultu-
ral”. El énfasis que el artículo pone en el estudio de los sonidos
del dialecto afroecuatoriano presenta la literatura como un
altavoz para los cuerpos y las lenguas vivas que la modulan
conforme a sus ritmos.
Además de recuperar un imaginario de los territorios, las
historias y las comunidades borradas, marginadas, pasadas y
presentes, la literatura, y en concreto la ciencia ficción, tam-
bién construye otras visiones de la realidad que nos ayudan a
problematizar nuestra ética. Martín Aulestia, en su aportación a
este número, defiende que la ciencia ficción es “un artefacto
cultural capaz de anticipar, comprender y problematizar las
relaciones contemporáneas entre tecnología, lenguaje, cere-
bro y sociedad.” De su estudio se desprende la idea de que de
los imaginarios literarios de la tecnociencia y la neuroestética
están motivados por la fantasía del progreso tecnológico. Esta
fantasía no es más que un relato futurista reflejado, en la actua-
lidad, por las ideas del transhumanismo. Entender el futuro
tecnológico como un capítulo más del relato moderno colonial
y del capitalismo como ficción puede despertar la consciencia
de sus límites y abrir la posibiliadad de construir un futuro más
justo.
Por último, la aportación de Grace Merino y Jorge Luis
Acanda nos descubre el vínculo de la música con el imaginario
social, en concreto con el del amor romántico desde diferentes
perspectivas y momentos historicos. Su análisis de una canción
del guatemalteto Ricardo Arjona de los años 90 y del cubano
Noel Ricola de los 70, precedida de un rico recorrido histórico
bajo una lente feminista, subraya con eficacia las diferentes
maneras en las que se conciben las relaciones amorosas entre
un hombre y una mujer. En sus propias palabras, estos autores
defienden que mientras que “el Romanticismo reaccionario
construye una imagen sobre la mujer conservadora, el Roman-
ticismo revolucionario construye una representación liberadora
de la escritura en donde el yo poético se transforma en el
nosotros poético”. Así esencialmente, desde su punto de vista
la poesía social en Ecuador está dada por un conjunto de
movilizaciones, insurgencias, luchas sociales, anti imperialismo
y que esto obligó a los autores a arrastrarse por esas corrien-
tes.
En esta serie también se recojen discusiones más contem-
poránea de la literatura ecuatoriana. En concreto, estos textos
señalan las aportaciones de actores sociales que hasta el siglo
XX fueron invisibilizados pasan a ser fundamentales en la litera-
tura contemporánea: los imaginarios de pueblos originarios y
los de las mujeres escritoras. Ambos han editado, publicado y
atravesado fronteras tranformado sus experiencias y modos de
ver el mundo en verdaderas obras de arte para el público
latinoamericano y europeo. La aportación de Paula Espinosa
nos hace reflexionar sobre qué son los imaginarios del miedo a
través de la obra cuentística de Maria Fernanda Ampuero. En
concreto, el análisis de una cuidadosa selección de cuentos,
nos ayuda a entender “el sistema narrativo intencional” de
esta autora para codificar el horror y lo grotesco en la violencia
sexual contra las mujeres y también contra los hombres. Esta
violencia se vuelve más terrorífica por su universalidad, ya que
se esconde, a plena luz del día, en los espacios domésticos
más íntimos. Apoyados por la lectura teórica de Espinosa
entendemos que Pelea de Gallos no es un conjunto de relatos
de entretenimiento, como se dice de la literatura de terror, sino
un imaginario escalofriante de la realidad más inmediata que
más que entretener, incomoda.
El artículo de Patricia Ricaurte, por su parte, recupera la
oralidad y la ancestralidad de las culturas afro en su singulari-
dad ecuatoriana de la región de Esmeraldas. Lo hace mediante
un análisis sociolingüístico de la novela Fiebre de Carnaval de
Yuliana Ortiz. Este artículo demuestra que la literatura no es
solamente un repositorio de alta cultura ensimismada consigo
Tema Central
8Revista “Sociología y Política HOY” No 12, Enero - Junio 2026
Introducción
Imaginarios Socioliterarios
Cristina Bastidas Redin
Irene Villaescusa Illán
En estos tiempos turbulentos, quizá lo primero que se nos
ocurre es imaginar la literatura como un oásis intacto, un último
refugio donde el poder aún no ha logrado instalarse y desde el
cual podríamos sobrevivir a la violencia del mundo. Tal imagen,
sin embargo, resulta ingenua. Los escritores, los literatos, las
letras que decidimos incluir y aquellas que conscientemente
suprimimos responden a elecciones profundamente inscritas
en nuestro habitar el mundo como sujetos atravesados por la
clase, la identidad, el género, el territorio y sus historias de
dominación. Nombrar algo —en el poema, en la novela, en el
ensayo— y, en consecuencia condenar otras realidades al
silencio y la opacidad, es siempre un acto político. La ausencia
de palabras se aproxima peligrosamente a la muerte: lo que no
se nombra, ¿acaso existe?
La filósofa Marina Garcés ha señalado que vivimos bajo el
influjo de un gran relato apocalíptico que alimenta imaginarios
fatalistas al tiempo que erige la innovación técnica y el impera-
tivo mercantil como únicas salidas posibles. En un planeta que
parece desmoronarse al compás de la concentración obscena
de la riqueza, la representación del colonialismo en clave neoli-
sobre lo femenino”. En ambos casos, la mujer sigue siendo el
objeto de deseo y la musa de las canciones románticas popula-
res.
Este brevísimo paseo por la literatura ecuatoriana de otros
países vecinos nos muestra las luchas, fragmentaciones y resis-
tencias que se han librado en este territorio de la aldea global
y que han sido moldeadas por la palabra. La literatura actúa
como un grito que marca el tenor de un tiempo que se fue y
que vuelve. El colonialismo que veíamos superado con el naci-
miento de las repúblicas sigue siendo denunciado hoy en las
literatas ecuatorianas que lo perciben como una fuerza que
controla sus cuerpos, sus deseos, sus vidas. Unas luchas y resis-
tencias que los poetas del siglo XX las veían en los partidos
políticos, las luchas anti imperialistas y todo el clamor moviliza-
dor de la izquierda de esa época y que hoy sigue vigente en
un mundo que no deja de explotar los recursos y que convierte
al país en una periferia al servicio del consumo global. La litera-
tura ecuatoriana y latinoamericana se coloca sobre ese escena-
rio apocalíptico en el que parece que hay poco por hacer pero
desde un talante tranformador donde el placer de lo estético,
el tiempo no productivo, la sonoridad y musicalidad, el baile,
la diversidad parecen resistir a la homogeneidad capitalista
global. Esperamos que este monográfico sobre imaginarios
sociales y literarios nos sirva para afirmar una vez más que la
literatura y la sociedad son indisociables.
A pesar de la diversidad de trabajos que componen este
número, no hemos podido hacer justicia a la rica y diversa
literatura de Ecuador. Somos conscientes de que hay muchos
autores ecuatorianos que autopublican sus obras o las publi-
can en editoriales independientes y cartoneras, y que merecen
mucha atención, pero que han quedado fuera de este proyec-
to. Esperamos enmendar esta situación con más publicaciones
y en futuros encuentros. No queremos acabar esta introduc-
ción sin expresar nuestro más sincero agradecimiento a dos
beral y la crisis ecológica sin precedentes, la palabra corre el
riesgo de limitarse a anunciar el fin. No obstante, la inquietud
que comparte Garcés apunta precisamente a ese vaciamiento:
cuando el discurso se obsesiona con la catástrofe, deja de
hablar de la vida que resiste, de las posibilidades que se inven-
tan al margen del mercado y de la Historia con mayúscula, las
que nos preceden y las que todavía estamos escribiendo al
insistir en habitar el presente.
Así, en este número pretendemos encaminarnos hacia la
discusión de los imaginarios presentes en la literatura ecuato-
riana y latinoamericana que sustentan la vida y que son testi-
monio de la vitalidad de la literatura en ese contexto de necro-
política. El capítulo introductorio de Irene Villaescusa Illán
sostiene que los imaginarios sociales y literarios no están sepa-
rados, los dos se producen, se cuestionan y se transforman a sí
mismos. Ella nos recuerda que la capacidad de imaginar prece-
de a la capacidad de crear, y que escribir es, por lo tanto, crear
mundo. Insiste en que tanto la imagen visual como la imagen
poética —mediada por la palabra— comportan todo el poder
de representarnos, y pueden hacerlo justa e injustamente. Su
artículo nos anima a reconocer el poder que tienen los imagi-
narios literarios precisamente para vislumbrar las experiencias
de los borrados del imaginario, y por tanto a contra-imaginar.
Dos artículos de esta serie exploran la historia de esos
imaginarios literarios en Ecuador. El artículo de Ximena Grijalva
menciona que la literatura en el siglo XIX ayudó a nombrar ese
paso de la sociedad colonial estamental hacia la conformación
del estado nación en Ecuador. Su artículo señala el papel que
tuvieron los intelectuales y literatos del siglo XIX en la cons-
trucción del Estado como “ciudad letrada” y en la consolida-
ción de imaginarios de modernización que dominaron esta
época. Por otro lado, el artículo de Pablo Meriguet nos habla
de la trayectoria de la poesía social en Ecuador y la entiende
como una suerte de voluntad expresada “en el acto consciente
escritores que nos acompañaron de diferentes maneras en el
congreso del que deriva esta publicación. En primer lugar,
agradecemos a Raúl Puma, poeta y profesor de la Universidad
Central, su asistencia y participación en los debates del
encuentro. En segundo lugar, y con especial cariño, agradece-
mos a Daniela Alcívar Bellolio, escritora, crítica literaria y direc-
tora del Centro Cultural Benjamín Carrión, que cerró los dos
días de charlas en nuestra mesa redonda. Daniela nos orientó
con gran lucidez sobre los caminos y los obstáculos del mundo
editorial, nos habló de su compleja relación con la crítica y la
academia y, también de su íntima relación con la escritura y las
palabras.
misma, sino que es una “herramienta de reivindicación cultu-
ral”. El énfasis que el artículo pone en el estudio de los sonidos
del dialecto afroecuatoriano presenta la literatura como un
altavoz para los cuerpos y las lenguas vivas que la modulan
conforme a sus ritmos.
Además de recuperar un imaginario de los territorios, las
historias y las comunidades borradas, marginadas, pasadas y
presentes, la literatura, y en concreto la ciencia ficción, tam-
bién construye otras visiones de la realidad que nos ayudan a
problematizar nuestra ética. Martín Aulestia, en su aportación a
este número, defiende que la ciencia ficción es “un artefacto
cultural capaz de anticipar, comprender y problematizar las
relaciones contemporáneas entre tecnología, lenguaje, cere-
bro y sociedad.” De su estudio se desprende la idea de que de
los imaginarios literarios de la tecnociencia y la neuroestética
están motivados por la fantasía del progreso tecnológico. Esta
fantasía no es más que un relato futurista reflejado, en la actua-
lidad, por las ideas del transhumanismo. Entender el futuro
tecnológico como un capítulo más del relato moderno colonial
y del capitalismo como ficción puede despertar la consciencia
de sus límites y abrir la posibiliadad de construir un futuro más
justo.
Por último, la aportación de Grace Merino y Jorge Luis
Acanda nos descubre el vínculo de la música con el imaginario
social, en concreto con el del amor romántico desde diferentes
perspectivas y momentos historicos. Su análisis de una canción
del guatemalteto Ricardo Arjona de los años 90 y del cubano
Noel Ricola de los 70, precedida de un rico recorrido histórico
bajo una lente feminista, subraya con eficacia las diferentes
maneras en las que se conciben las relaciones amorosas entre
un hombre y una mujer. En sus propias palabras, estos autores
defienden que mientras que “el Romanticismo reaccionario
construye una imagen sobre la mujer conservadora, el Roman-
ticismo revolucionario construye una representación liberadora
de la escritura en donde el yo poético se transforma en el
nosotros poético”. Así esencialmente, desde su punto de vista
la poesía social en Ecuador está dada por un conjunto de
movilizaciones, insurgencias, luchas sociales, anti imperialismo
y que esto obligó a los autores a arrastrarse por esas corrien-
tes.
En esta serie también se recojen discusiones más contem-
poránea de la literatura ecuatoriana. En concreto, estos textos
señalan las aportaciones de actores sociales que hasta el siglo
XX fueron invisibilizados pasan a ser fundamentales en la litera-
tura contemporánea: los imaginarios de pueblos originarios y
los de las mujeres escritoras. Ambos han editado, publicado y
atravesado fronteras tranformado sus experiencias y modos de
ver el mundo en verdaderas obras de arte para el público
latinoamericano y europeo. La aportación de Paula Espinosa
nos hace reflexionar sobre qué son los imaginarios del miedo a
través de la obra cuentística de Maria Fernanda Ampuero. En
concreto, el análisis de una cuidadosa selección de cuentos,
nos ayuda a entender “el sistema narrativo intencional” de
esta autora para codificar el horror y lo grotesco en la violencia
sexual contra las mujeres y también contra los hombres. Esta
violencia se vuelve más terrorífica por su universalidad, ya que
se esconde, a plena luz del día, en los espacios domésticos
más íntimos. Apoyados por la lectura teórica de Espinosa
entendemos que Pelea de Gallos no es un conjunto de relatos
de entretenimiento, como se dice de la literatura de terror, sino
un imaginario escalofriante de la realidad más inmediata que
más que entretener, incomoda.
El artículo de Patricia Ricaurte, por su parte, recupera la
oralidad y la ancestralidad de las culturas afro en su singulari-
dad ecuatoriana de la región de Esmeraldas. Lo hace mediante
un análisis sociolingüístico de la novela Fiebre de Carnaval de
Yuliana Ortiz. Este artículo demuestra que la literatura no es
solamente un repositorio de alta cultura ensimismada consigo
Introducción
9 Red de Carreras de Sociología y Ciencias Políticas del Ecuador
Introducción
Imaginarios Socioliterarios
Cristina Bastidas Redin
Irene Villaescusa Illán
En estos tiempos turbulentos, quizá lo primero que se nos
ocurre es imaginar la literatura como un oásis intacto, un último
refugio donde el poder aún no ha logrado instalarse y desde el
cual podríamos sobrevivir a la violencia del mundo. Tal imagen,
sin embargo, resulta ingenua. Los escritores, los literatos, las
letras que decidimos incluir y aquellas que conscientemente
suprimimos responden a elecciones profundamente inscritas
en nuestro habitar el mundo como sujetos atravesados por la
clase, la identidad, el género, el territorio y sus historias de
dominación. Nombrar algo —en el poema, en la novela, en el
ensayo— y, en consecuencia condenar otras realidades al
silencio y la opacidad, es siempre un acto político. La ausencia
de palabras se aproxima peligrosamente a la muerte: lo que no
se nombra, ¿acaso existe?
La filósofa Marina Garcés ha señalado que vivimos bajo el
influjo de un gran relato apocalíptico que alimenta imaginarios
fatalistas al tiempo que erige la innovación técnica y el impera-
tivo mercantil como únicas salidas posibles. En un planeta que
parece desmoronarse al compás de la concentración obscena
de la riqueza, la representación del colonialismo en clave neoli-
Tema Central
sobre lo femenino”. En ambos casos, la mujer sigue siendo el
objeto de deseo y la musa de las canciones románticas popula-
res.
Este brevísimo paseo por la literatura ecuatoriana de otros
países vecinos nos muestra las luchas, fragmentaciones y resis-
tencias que se han librado en este territorio de la aldea global
y que han sido moldeadas por la palabra. La literatura actúa
como un grito que marca el tenor de un tiempo que se fue y
que vuelve. El colonialismo que veíamos superado con el naci-
miento de las repúblicas sigue siendo denunciado hoy en las
literatas ecuatorianas que lo perciben como una fuerza que
controla sus cuerpos, sus deseos, sus vidas. Unas luchas y resis-
tencias que los poetas del siglo XX las veían en los partidos
políticos, las luchas anti imperialistas y todo el clamor moviliza-
dor de la izquierda de esa época y que hoy sigue vigente en
un mundo que no deja de explotar los recursos y que convierte
al país en una periferia al servicio del consumo global. La litera-
tura ecuatoriana y latinoamericana se coloca sobre ese escena-
rio apocalíptico en el que parece que hay poco por hacer pero
desde un talante tranformador donde el placer de lo estético,
el tiempo no productivo, la sonoridad y musicalidad, el baile,
la diversidad parecen resistir a la homogeneidad capitalista
global. Esperamos que este monográfico sobre imaginarios
sociales y literarios nos sirva para afirmar una vez más que la
literatura y la sociedad son indisociables.
A pesar de la diversidad de trabajos que componen este
número, no hemos podido hacer justicia a la rica y diversa
literatura de Ecuador. Somos conscientes de que hay muchos
autores ecuatorianos que autopublican sus obras o las publi-
can en editoriales independientes y cartoneras, y que merecen
mucha atención, pero que han quedado fuera de este proyec-
to. Esperamos enmendar esta situación con más publicaciones
y en futuros encuentros. No queremos acabar esta introduc-
ción sin expresar nuestro más sincero agradecimiento a dos
beral y la crisis ecológica sin precedentes, la palabra corre el
riesgo de limitarse a anunciar el fin. No obstante, la inquietud
que comparte Garcés apunta precisamente a ese vaciamiento:
cuando el discurso se obsesiona con la catástrofe, deja de
hablar de la vida que resiste, de las posibilidades que se inven-
tan al margen del mercado y de la Historia con mayúscula, las
que nos preceden y las que todavía estamos escribiendo al
insistir en habitar el presente.
Así, en este número pretendemos encaminarnos hacia la
discusión de los imaginarios presentes en la literatura ecuato-
riana y latinoamericana que sustentan la vida y que son testi-
monio de la vitalidad de la literatura en ese contexto de necro-
política. El capítulo introductorio de Irene Villaescusa Illán
sostiene que los imaginarios sociales y literarios no están sepa-
rados, los dos se producen, se cuestionan y se transforman a sí
mismos. Ella nos recuerda que la capacidad de imaginar prece-
de a la capacidad de crear, y que escribir es, por lo tanto, crear
mundo. Insiste en que tanto la imagen visual como la imagen
poética —mediada por la palabra— comportan todo el poder
de representarnos, y pueden hacerlo justa e injustamente. Su
artículo nos anima a reconocer el poder que tienen los imagi-
narios literarios precisamente para vislumbrar las experiencias
de los borrados del imaginario, y por tanto a contra-imaginar.
Dos artículos de esta serie exploran la historia de esos
imaginarios literarios en Ecuador. El artículo de Ximena Grijalva
menciona que la literatura en el siglo XIX ayudó a nombrar ese
paso de la sociedad colonial estamental hacia la conformación
del estado nación en Ecuador. Su artículo señala el papel que
tuvieron los intelectuales y literatos del siglo XIX en la cons-
trucción del Estado como “ciudad letrada” y en la consolida-
ción de imaginarios de modernización que dominaron esta
época. Por otro lado, el artículo de Pablo Meriguet nos habla
de la trayectoria de la poesía social en Ecuador y la entiende
como una suerte de voluntad expresada “en el acto consciente
escritores que nos acompañaron de diferentes maneras en el
congreso del que deriva esta publicación. En primer lugar,
agradecemos a Raúl Puma, poeta y profesor de la Universidad
Central, su asistencia y participación en los debates del
encuentro. En segundo lugar, y con especial cariño, agradece-
mos a Daniela Alcívar Bellolio, escritora, crítica literaria y direc-
tora del Centro Cultural Benjamín Carrión, que cerró los dos
días de charlas en nuestra mesa redonda. Daniela nos orientó
con gran lucidez sobre los caminos y los obstáculos del mundo
editorial, nos habló de su compleja relación con la crítica y la
academia y, también de su íntima relación con la escritura y las
palabras.
misma, sino que es una “herramienta de reivindicación cultu-
ral”. El énfasis que el artículo pone en el estudio de los sonidos
del dialecto afroecuatoriano presenta la literatura como un
altavoz para los cuerpos y las lenguas vivas que la modulan
conforme a sus ritmos.
Además de recuperar un imaginario de los territorios, las
historias y las comunidades borradas, marginadas, pasadas y
presentes, la literatura, y en concreto la ciencia ficción, tam-
bién construye otras visiones de la realidad que nos ayudan a
problematizar nuestra ética. Martín Aulestia, en su aportación a
este número, defiende que la ciencia ficción es “un artefacto
cultural capaz de anticipar, comprender y problematizar las
relaciones contemporáneas entre tecnología, lenguaje, cere-
bro y sociedad.” De su estudio se desprende la idea de que de
los imaginarios literarios de la tecnociencia y la neuroestética
están motivados por la fantasía del progreso tecnológico. Esta
fantasía no es más que un relato futurista reflejado, en la actua-
lidad, por las ideas del transhumanismo. Entender el futuro
tecnológico como un capítulo más del relato moderno colonial
y del capitalismo como ficción puede despertar la consciencia
de sus límites y abrir la posibiliadad de construir un futuro más
justo.
Por último, la aportación de Grace Merino y Jorge Luis
Acanda nos descubre el vínculo de la música con el imaginario
social, en concreto con el del amor romántico desde diferentes
perspectivas y momentos historicos. Su análisis de una canción
del guatemalteto Ricardo Arjona de los años 90 y del cubano
Noel Ricola de los 70, precedida de un rico recorrido histórico
bajo una lente feminista, subraya con eficacia las diferentes
maneras en las que se conciben las relaciones amorosas entre
un hombre y una mujer. En sus propias palabras, estos autores
defienden que mientras que “el Romanticismo reaccionario
construye una imagen sobre la mujer conservadora, el Roman-
ticismo revolucionario construye una representación liberadora
de la escritura en donde el yo poético se transforma en el
nosotros poético”. Así esencialmente, desde su punto de vista
la poesía social en Ecuador está dada por un conjunto de
movilizaciones, insurgencias, luchas sociales, anti imperialismo
y que esto obligó a los autores a arrastrarse por esas corrien-
tes.
En esta serie también se recojen discusiones más contem-
poránea de la literatura ecuatoriana. En concreto, estos textos
señalan las aportaciones de actores sociales que hasta el siglo
XX fueron invisibilizados pasan a ser fundamentales en la litera-
tura contemporánea: los imaginarios de pueblos originarios y
los de las mujeres escritoras. Ambos han editado, publicado y
atravesado fronteras tranformado sus experiencias y modos de
ver el mundo en verdaderas obras de arte para el público
latinoamericano y europeo. La aportación de Paula Espinosa
nos hace reflexionar sobre qué son los imaginarios del miedo a
través de la obra cuentística de Maria Fernanda Ampuero. En
concreto, el análisis de una cuidadosa selección de cuentos,
nos ayuda a entender “el sistema narrativo intencional” de
esta autora para codificar el horror y lo grotesco en la violencia
sexual contra las mujeres y también contra los hombres. Esta
violencia se vuelve más terrorífica por su universalidad, ya que
se esconde, a plena luz del día, en los espacios domésticos
más íntimos. Apoyados por la lectura teórica de Espinosa
entendemos que Pelea de Gallos no es un conjunto de relatos
de entretenimiento, como se dice de la literatura de terror, sino
un imaginario escalofriante de la realidad más inmediata que
más que entretener, incomoda.
El artículo de Patricia Ricaurte, por su parte, recupera la
oralidad y la ancestralidad de las culturas afro en su singulari-
dad ecuatoriana de la región de Esmeraldas. Lo hace mediante
un análisis sociolingüístico de la novela Fiebre de Carnaval de
Yuliana Ortiz. Este artículo demuestra que la literatura no es
solamente un repositorio de alta cultura ensimismada consigo
10Revista “Sociología y Política HOY” No 12, Enero - Junio 2026
Introducción
Imaginarios Socioliterarios
Cristina Bastidas Redin
Irene Villaescusa Illán
En estos tiempos turbulentos, quizá lo primero que se nos
ocurre es imaginar la literatura como un oásis intacto, un último
refugio donde el poder aún no ha logrado instalarse y desde el
cual podríamos sobrevivir a la violencia del mundo. Tal imagen,
sin embargo, resulta ingenua. Los escritores, los literatos, las
letras que decidimos incluir y aquellas que conscientemente
suprimimos responden a elecciones profundamente inscritas
en nuestro habitar el mundo como sujetos atravesados por la
clase, la identidad, el género, el territorio y sus historias de
dominación. Nombrar algo —en el poema, en la novela, en el
ensayo— y, en consecuencia condenar otras realidades al
silencio y la opacidad, es siempre un acto político. La ausencia
de palabras se aproxima peligrosamente a la muerte: lo que no
se nombra, ¿acaso existe?
La filósofa Marina Garcés ha señalado que vivimos bajo el
influjo de un gran relato apocalíptico que alimenta imaginarios
fatalistas al tiempo que erige la innovación técnica y el impera-
tivo mercantil como únicas salidas posibles. En un planeta que
parece desmoronarse al compás de la concentración obscena
de la riqueza, la representación del colonialismo en clave neoli-
sobre lo femenino”. En ambos casos, la mujer sigue siendo el
objeto de deseo y la musa de las canciones románticas popula-
res.
Este brevísimo paseo por la literatura ecuatoriana de otros
países vecinos nos muestra las luchas, fragmentaciones y resis-
tencias que se han librado en este territorio de la aldea global
y que han sido moldeadas por la palabra. La literatura actúa
como un grito que marca el tenor de un tiempo que se fue y
que vuelve. El colonialismo que veíamos superado con el naci-
miento de las repúblicas sigue siendo denunciado hoy en las
literatas ecuatorianas que lo perciben como una fuerza que
controla sus cuerpos, sus deseos, sus vidas. Unas luchas y resis-
tencias que los poetas del siglo XX las veían en los partidos
políticos, las luchas anti imperialistas y todo el clamor moviliza-
dor de la izquierda de esa época y que hoy sigue vigente en
un mundo que no deja de explotar los recursos y que convierte
al país en una periferia al servicio del consumo global. La litera-
tura ecuatoriana y latinoamericana se coloca sobre ese escena-
rio apocalíptico en el que parece que hay poco por hacer pero
desde un talante tranformador donde el placer de lo estético,
el tiempo no productivo, la sonoridad y musicalidad, el baile,
la diversidad parecen resistir a la homogeneidad capitalista
global. Esperamos que este monográfico sobre imaginarios
sociales y literarios nos sirva para afirmar una vez más que la
literatura y la sociedad son indisociables.
A pesar de la diversidad de trabajos que componen este
número, no hemos podido hacer justicia a la rica y diversa
literatura de Ecuador. Somos conscientes de que hay muchos
autores ecuatorianos que autopublican sus obras o las publi-
can en editoriales independientes y cartoneras, y que merecen
mucha atención, pero que han quedado fuera de este proyec-
to. Esperamos enmendar esta situación con más publicaciones
y en futuros encuentros. No queremos acabar esta introduc-
ción sin expresar nuestro más sincero agradecimiento a dos
beral y la crisis ecológica sin precedentes, la palabra corre el
riesgo de limitarse a anunciar el fin. No obstante, la inquietud
que comparte Garcés apunta precisamente a ese vaciamiento:
cuando el discurso se obsesiona con la catástrofe, deja de
hablar de la vida que resiste, de las posibilidades que se inven-
tan al margen del mercado y de la Historia con mayúscula, las
que nos preceden y las que todavía estamos escribiendo al
insistir en habitar el presente.
Así, en este número pretendemos encaminarnos hacia la
discusión de los imaginarios presentes en la literatura ecuato-
riana y latinoamericana que sustentan la vida y que son testi-
monio de la vitalidad de la literatura en ese contexto de necro-
política. El capítulo introductorio de Irene Villaescusa Illán
sostiene que los imaginarios sociales y literarios no están sepa-
rados, los dos se producen, se cuestionan y se transforman a sí
mismos. Ella nos recuerda que la capacidad de imaginar prece-
de a la capacidad de crear, y que escribir es, por lo tanto, crear
mundo. Insiste en que tanto la imagen visual como la imagen
poética —mediada por la palabra— comportan todo el poder
de representarnos, y pueden hacerlo justa e injustamente. Su
artículo nos anima a reconocer el poder que tienen los imagi-
narios literarios precisamente para vislumbrar las experiencias
de los borrados del imaginario, y por tanto a contra-imaginar.
Dos artículos de esta serie exploran la historia de esos
imaginarios literarios en Ecuador. El artículo de Ximena Grijalva
menciona que la literatura en el siglo XIX ayudó a nombrar ese
paso de la sociedad colonial estamental hacia la conformación
del estado nación en Ecuador. Su artículo señala el papel que
tuvieron los intelectuales y literatos del siglo XIX en la cons-
trucción del Estado como “ciudad letrada” y en la consolida-
ción de imaginarios de modernización que dominaron esta
época. Por otro lado, el artículo de Pablo Meriguet nos habla
de la trayectoria de la poesía social en Ecuador y la entiende
como una suerte de voluntad expresada “en el acto consciente
escritores que nos acompañaron de diferentes maneras en el
congreso del que deriva esta publicación. En primer lugar,
agradecemos a Raúl Puma, poeta y profesor de la Universidad
Central, su asistencia y participación en los debates del
encuentro. En segundo lugar, y con especial cariño, agradece-
mos a Daniela Alcívar Bellolio, escritora, crítica literaria y direc-
tora del Centro Cultural Benjamín Carrión, que cerró los dos
días de charlas en nuestra mesa redonda. Daniela nos orientó
con gran lucidez sobre los caminos y los obstáculos del mundo
editorial, nos habló de su compleja relación con la crítica y la
academia y, también de su íntima relación con la escritura y las
palabras.
misma, sino que es una “herramienta de reivindicación cultu-
ral”. El énfasis que el artículo pone en el estudio de los sonidos
del dialecto afroecuatoriano presenta la literatura como un
altavoz para los cuerpos y las lenguas vivas que la modulan
conforme a sus ritmos.
Además de recuperar un imaginario de los territorios, las
historias y las comunidades borradas, marginadas, pasadas y
presentes, la literatura, y en concreto la ciencia ficción, tam-
bién construye otras visiones de la realidad que nos ayudan a
problematizar nuestra ética. Martín Aulestia, en su aportación a
este número, defiende que la ciencia ficción es “un artefacto
cultural capaz de anticipar, comprender y problematizar las
relaciones contemporáneas entre tecnología, lenguaje, cere-
bro y sociedad.” De su estudio se desprende la idea de que de
los imaginarios literarios de la tecnociencia y la neuroestética
están motivados por la fantasía del progreso tecnológico. Esta
fantasía no es más que un relato futurista reflejado, en la actua-
lidad, por las ideas del transhumanismo. Entender el futuro
tecnológico como un capítulo más del relato moderno colonial
y del capitalismo como ficción puede despertar la consciencia
de sus límites y abrir la posibiliadad de construir un futuro más
justo.
Por último, la aportación de Grace Merino y Jorge Luis
Acanda nos descubre el vínculo de la música con el imaginario
social, en concreto con el del amor romántico desde diferentes
perspectivas y momentos historicos. Su análisis de una canción
del guatemalteto Ricardo Arjona de los años 90 y del cubano
Noel Ricola de los 70, precedida de un rico recorrido histórico
bajo una lente feminista, subraya con eficacia las diferentes
maneras en las que se conciben las relaciones amorosas entre
un hombre y una mujer. En sus propias palabras, estos autores
defienden que mientras que “el Romanticismo reaccionario
construye una imagen sobre la mujer conservadora, el Roman-
ticismo revolucionario construye una representación liberadora
de la escritura en donde el yo poético se transforma en el
nosotros poético”. Así esencialmente, desde su punto de vista
la poesía social en Ecuador está dada por un conjunto de
movilizaciones, insurgencias, luchas sociales, anti imperialismo
y que esto obligó a los autores a arrastrarse por esas corrien-
tes.
En esta serie también se recojen discusiones más contem-
poránea de la literatura ecuatoriana. En concreto, estos textos
señalan las aportaciones de actores sociales que hasta el siglo
XX fueron invisibilizados pasan a ser fundamentales en la litera-
tura contemporánea: los imaginarios de pueblos originarios y
los de las mujeres escritoras. Ambos han editado, publicado y
atravesado fronteras tranformado sus experiencias y modos de
ver el mundo en verdaderas obras de arte para el público
latinoamericano y europeo. La aportación de Paula Espinosa
nos hace reflexionar sobre qué son los imaginarios del miedo a
través de la obra cuentística de Maria Fernanda Ampuero. En
concreto, el análisis de una cuidadosa selección de cuentos,
nos ayuda a entender “el sistema narrativo intencional” de
esta autora para codificar el horror y lo grotesco en la violencia
sexual contra las mujeres y también contra los hombres. Esta
violencia se vuelve más terrorífica por su universalidad, ya que
se esconde, a plena luz del día, en los espacios domésticos
más íntimos. Apoyados por la lectura teórica de Espinosa
entendemos que Pelea de Gallos no es un conjunto de relatos
de entretenimiento, como se dice de la literatura de terror, sino
un imaginario escalofriante de la realidad más inmediata que
más que entretener, incomoda.
El artículo de Patricia Ricaurte, por su parte, recupera la
oralidad y la ancestralidad de las culturas afro en su singulari-
dad ecuatoriana de la región de Esmeraldas. Lo hace mediante
un análisis sociolingüístico de la novela Fiebre de Carnaval de
Yuliana Ortiz. Este artículo demuestra que la literatura no es
solamente un repositorio de alta cultura ensimismada consigo
Introducción
11 Red de Carreras de Sociología y Ciencias Políticas del Ecuador