Revista SOCIOLOGÍA Y POLÍTICA HOY - No. 12, Enero - Junio 2026

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Imaginarios del miedo y violencia de
género en Pelea de gallos de

María Fernanda Ampuero: un análisis
hermenéutico del terror cotidiano

Resumen
Este artículo analiza los imaginarios del miedo y la
representación de la violencia de género en Pelea
de gallos
(2018), obra de la escritora ecuatoriana
María Fernanda Ampuero. Desde una perspectiva
hermenéutica del discurso, se examinan relatos se-
leccionados de esta colección de cuentos de terror
que inscriben el horror no en lo sobrenatural, sino
en la vida cotidiana, especialmente en los espacios
domésticos y familiares. A partir de un marco teóri-
co que incluye aportes de Tzvetan Todorov, Stephen
King, Julia Kristeva, Pierre Bourdieu, Rita Segato,
Teun van Dijk y J.L. Austin, el análisis se organiza
en tres ejes: la configuración del hogar como espa-
cio de violencia, el uso de lo grotesco y lo abyecto
como recursos narrativos, y la construcción de los
imaginarios sobre la feminidad y la masculinidad.
Se concluye que los relatos de Ampuero configu-
ran un terror estructural que interpela las formas
en que el poder patriarcal habita lo cotidiano y se
reproduce mediante el lenguaje, los cuerpos y las
relaciones de poder.
Palabras clave: terror cotidiano, violencia de género,
imaginarios sociales, María Fernanda Ampuero.

Fecha de recepción: 21 de Dic. 2026
Fecha de aprobación: 27 de Dic. 2026

REGISTRO ISSN: 2600-593X

* Técnica docente de la Univer-
sidad Central del Ecuador, re-
cibió el premio de periodismo
“Eugenio Espejo” UNP 2025,
categoría Crónica, por su tra-
bajo. “La generación que olvi-
dó tildar el pasado”, publicado
en la revista Mundo Diners.

Correo: pnespinosa@uce.edu.ec
ORCID: 0009-0004-8058-7100

Paula Espinosa Posso*

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Paula Espinosa P.

Red de Carreras de Sociología y Ciencias Políticas del Ecuador

Abstract
This article analyzes the imaginaries of fear and the repre-
sentation of gender-based violence in Pelea de gallos (2018),
a short story collection by Ecuadorian writer María Fernanda
Ampuero. From a hermeneutic discourse perspective, selected
stories are examined to show how horror arises not from the
supernatural, but from everyday life, particularly within do-
mestic and family spaces. Based on a theoretical framework
drawing on Tzvetan Todorov, Stephen King, Julia Kristeva,
Pierre Bourdieu, Rita Segato, Teun van Dijk, and J.L. Austin,
the analysis is structured around three axes: the configuration
of the home as a space of violence, the use of the grotesque
and the abject as narrative strategies, and the construction
of imaginaries about femininity and masculinity. The article
concludes that Ampuero’s stories construct a form of structural
horror that challenges how patriarchal power operates in daily
life through language, bodies, and power relations.
Keywords:
Everyday horror, Gender-based violence, Social
imaginaries, María Fernanda Ampuero.

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Imaginarios del miedo y violencia de género en Pelea de gallos de María Fernanda Ampuero

Revista “Sociología y Política HOY” No 12, Enero - Junio 2026

Introducción
El terror es un género narrativo cuyo propósito es generar sensacio-

nes de miedo e incomodidad en los lectores. Originalmente, el terror se
vinculó al folclore de los pueblos del mundo y a las narraciones orales
que exploraban lo sobrenatural y lo fantástico. Lovecraft (1927) señala
que el terror se apoyaba en la cultura y creencias religiosas: el temor a
dioses y demonios, la hechicería y todo aquello que no encontraba una
explicación natural. Sin embargo, a partir del siglo XVIII, la oralidad
de mitos y leyendas de los pueblos evolucionó hacia el surgimiento del
gótico literario, el cual sentó las bases para el desarrollo del terror mo-
derno, un terror que no solo evoca fantasmas, demonios o monstruos,
sino que también explora los miedos sociales y culturales.

El gótico se caracterizó por ambientaciones en castillos y monas-
terios, así como por la presencia de personajes arquetípicos como el
villano, la dama vulnerable y el héroe, todos enmarcados en atmósfe-
ras de misterio, transgresión y decadencia. Destacan obras como Los
misterios de Udolfo (1794) de Ann Radcliffe y el Castillo de Otranto
(1764) de Horace Walpole, esta última, considerada como la primera
novela gótica. La tradición del gótico destaca por la creación de atmós-
feras inquietantes a partir del abordaje de temas como: la soledad, el
ocultismo, la religiosidad, etc., y por la creación del miedo a partir de
lo sobrenatural, el dolor y la muerte.

Con el tiempo, el género de terror se alejó de la tradición del gó-
tico y lo sobrenatural para dar paso al terror psicológico y terror so-
cial; retratando miedos que derivan de crisis económicas, sociales y
ambientales. La literatura de terror en Ecuador también fue parte de
esta evolución y en la actualidad manifiesta un terror que combina
lo sobrenatural con lo cotidiano, visibilizando problemáticas sociales
como: la inseguridad, la desigualdad y, especialmente, la violencia de
género.

La obra Pelea de gallos (2018) de la ecuatoriana María Fernanda
Ampuero se inscribe en esta corriente, configurando un terror que
emerge de la violencia cotidiana ejercida en espacios familiares y do-
mésticos. Este artículo se propone analizar los imaginarios del miedo

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Red de Carreras de Sociología y Ciencias Políticas del Ecuador

construidos en Pelea de gallos, enfocándose en cómo la autora repre-
senta la violencia de género a través de recursos narrativos, estéticos
e ideológicos. Para ello, se adopta una análisis literario del discurso
que permite examinar las múltiples dimensiones del texto literario y
su vinculación con los mandatos de género y las dinámicas de poder.

El estudio se organiza en torno a tres ejes temáticos: la represen-
tación del hogar y la familia como espacios de violencia, el uso de lo
grotesco y lo abyecto como estrategias narrativas, y la construcción de
los imaginarios sobre lo femenino y lo masculino. A partir del análisis
de relatos seleccionados, se busca visibilizar cómo Ampuero articula
un terror que no depende de elementos sobrenaturales, sino de la vio-
lencia estructural que atraviesa la vida cotidiana.

En este contexto, la pregunta que guía este estudio es: ¿cómo se con-
figuran los imaginarios del miedo en Pelea de gallos y qué papel cumple
la violencia de género en esa configuración? El objetivo principal del
artículo es analizar los mecanismos narrativos y simbólicos, median-
te los cuales María Fernanda Ampuero construye un terror cotidiano
íntimamente vinculado a las estructuras patriarcales y a los mandatos
de género.

Marco teórico
El análisis literario de Pelea de gallos se fundamenta en un marco

teórico interdisciplinario que integra perspectivas sobre el género del
terror, los recursos narrativos empleados para su construcción, y los
estudios sobre violencia y género.

Tzvetan Todorov (1981) establece que la literatura de terror se ca-
racteriza por la presencia de lo fantástico, un concepto que oscila entre
la explicación racional y la explicación sobrenatural de fenómenos que
sobrepasan el entendimiento humano y generan incertidumbre. En
este marco, un suceso como puertas que se abren solas podría expli-
carse de forma racional —atribuyéndolo al villano de la historia — o
sobrenatural — imputándolo a un ente fantástico como un fantasma
o un monstruo.

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Imaginarios del miedo y violencia de género en Pelea de gallos de María Fernanda Ampuero

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Según explica Todorov (1981), lo sobrenatural es un elemento típi-
co de lo fantástico, aunque no es exclusivo ni imprescindible de él.
Lo sobrenatural es aquella cosa inexplicable sobre la cual el lector
experimentará el efecto de lo fantástico. Cuando lo sobrenatural no
encuentra una explicación lógica y debe adaptarse a nuevas leyes
creadas para la ficción, entonces entra al mundo de lo maravillo-
so
. En cambio, cuando lo sobrenatural encuentra una explicación
racional para su existencia dentro del relato, se encuentra en el
mundo de lo extraño y, consecuentemente, ingresa al terreno de lo
terrorífico (Espinosa, 2024, p. 30).

En ese sentido, los relatos de Pelea de gallos se sitúan en lo extra-
ño
, pues la atmósfera de terror se construye en el espacio doméstico y
privado; en la cotidianidad del hogar familiar y, en pocos casos, en el
espacio público. Aunque el terror de Ampuero se aleja de lo sobrena-
tural, retoma recursos narrativos tradicionales de la literatura de terror
como la creación de atmósferas incómodas y tensionantes mediante
descripciones de violencia explícita, situaciones grotescas y personajes
perturbados.

Ampuero logra la atmósfera inquietante siguiendo lo que Stephen
King (2006) denomina como niveles de implicación del lector en el gé-
nero de terror, los cuales están “por encima de todo, el terror, por deba-
jo el horror y, en el nivel inferior, el reflejo automático de la repulsión”
(p. 48). El terror es lo sugerido e incierto: las puertas que se abren solas,
una habitación que oculta un misterio o la incertidumbre sobre lo qué
sucederá con el grupo de hombres y mujeres secuestrados.

El horror, en cambio, es lo explícito; todo aquello que se muestra
con detalle: una escena de tortura, la descripción de un monstruo y
sus acciones o una serie de diálogos sin censura entre los personajes.
Finalmente está la repulsión que refiere a todo aquello que genera asco
y rechazo como: descripciones de suciedad y fluidos corporales. En
esa misma línea Julia Kristeva (2004) estudia lo abyecto y lo define
como “aquello que no respeta los límites, los lugares, las reglas” (p.
11). Todo aquello que perturba el orden simbólico y desafía los lími-
tes del cuerpo y la identidad, concepto fundamental para analizar las
imágenes viscerales y grotescas presentes en la obra de Ampuero, que

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confrontan al lector con los cuerpos violentados y la descomposición
de las normas sociales.

Ampuero articula los tres niveles propuestos por King para generar
miedo y, al hacerlo, provoca que el lector empatice con los personajes
y sus experiencias. De este modo construye un terror social y cotidiano
en el que hombres y mujeres puedan verse reflejados.

Estos recursos se enlazan con las ideas de Ampuero sobre violen-
cia de género, que encuentran fundamento en los planteamientos de
Pierre Bourdieu (1998), sobre la dominación simbólica y las estructu-
ras patriarcales que legitiman la desigualdad y la violencia contra las
mujeres.

Bourdieu (1998) plantea que:

El orden social funciona como una inmensa máquina simbólica
que tiende a ratificar la dominación masculina en la que se apoya:
es la división sexual del trabajo, distribución muy estricta de las
actividades asignadas a cada uno de los sexos, de su espacio, su
momento, sus instrumentos (p. 22).

La sociedad actúa a nivel simbólico colocando al hombre por en-
cima de la mujer. En esta división sexual del trabajo, los hombres
ocupan labores que requieren esfuerzo intelectual y físico, mientras
que las mujeres han sido relegadas al trabajo doméstico y de cuidado.
Esta división también ha permitido que el hombre genere mayor ca-
pital económico, social y simbólico; lo cual fomenta diversas formas
de violencia contra las mujeres, inscritas en la violencia de género.

Ampuero retrata una violencia de género que afecta tanto a mu-
jeres como a hombres, ya que ambos son víctimas de los mandatos
de género que el orden social les impone. En ese marco, Rita Segato
(2018) profundiza en el carácter estructural de la violencia, señalando
que se reproduce en lo cotidiano. Los mandatos de masculinidad y fe-
minidad se materializan en la conducta, la orientación sexual, la forma
de vestir, hablar y pensar.

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A las mujeres se les pide que sean dóciles, recatadas, sensibles,
femeninas y cuidadoras. A los hombres se los asocia con figuras que
deben ser fuertes, dominantes, proveedores y viriles. Segato (2018)
afirma que “el mandato de masculinidad exige al hombre probarse
hombre todo el tiempo; porque la masculinidad, (…), es un estatus,
una jerarquía de prestigio, se adquiere como un título y se debe reno-
var y comprobar su vigencia como tal” (p. 40).

Ampuero recrea estos mandatos en Pelea de gallos, exponiéndolos
mediante situaciones de violencia que, junto con los recursos narrati-
vos ya mencionados, generan la atmósfera inquietante propia del terror.

Por último, hay que mencionar que la teoría del análisis del dis-
curso de Teun Van Dijk (2009) y la teoría de los actos de habla de J.L.
Austin (1955) permiten comprender cómo, en estos relatos, el lenguaje
funciona no solo para comunicar, sino para ejercer poder, amenazar,
silenciar o legitimar la violencia, herramientas fundamentales para el
análisis hermenéutico de los textos literarios seleccionados.

Van Dijk ve al discurso como una práctica social que reproduce o
desafía relaciones de poder, lo que resulta clave para identificar cómo
las narraciones construyen y reflejan la violencia. Por su parte, Austin
plantea que las palabras no solo describen la realidad, sino que permi-
ten realizar acciones; lo que en Pelea de gallos se traduce en diálogos y
silencios cargados de intención y efecto. Ambas perspectivas permiten
desentrañar la dimensión performativa y política del lenguaje en los
cuentos analizados.

Metodología
Este estudio se desarrolla bajo un enfoque cualitativo y adopta el

método hermenéutico, adecuado para la interpretación de significa-
dos en textos literarios. El objetivo es analizar cómo se configuran los
imaginarios del miedo y la violencia de género en Pelea de gallos de
María Fernanda Ampuero, considerando el terror cotidiano como un
elemento narrativo y simbólico. La hermenéutica permite ir más allá
de la descripción superficial para acceder a las capas implícitas de sen-
tido, atendiendo tanto a lo dicho como a lo silenciado.

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La investigación se sustenta en la lectura y análisis de siete cuentos
seleccionados de manera intencional, escogidos por su relevancia en
la representación de situaciones de violencia de género y expresiones
de miedo, así como por su diversidad en el uso de recursos narrati-
vos propios del terror. Los cuentos seleccionados son: Monstruos, Ali,
Crías, Nam, Persianas, Subasta y Luto. Estos textos fueron examinados
mediante el análisis de categorías temáticas, principalmente:

Recursos narrativos: para identificar narradores, puntos de vista,
espacios y personajes de los relatos.

Recursos pragmáticos: para estudiar los diálogos de los persona-
jes e identificar actos de habla que propicien la atmósfera terrorífica.

Recursos estéticos: en donde se encuentran los niveles de impli-
cación del lector: terror, horror y repulsión.

Referentes ideológicos: para determinar las ideas de la autora so-
bre roles de género y violencia de género.

El análisis se apoya en varios marcos conceptuales: la teoría del
análisis del discurso de Teun Van Dijk (2009), para comprender cómo
el lenguaje opera como vehículo de poder y control, y la teoría de los
actos de habla de J.L. Austin (1955), que permite reconocer cómo cier-
tos enunciados no solo describen la realidad, sino que la producen o
transforman, incluso legitimando la violencia; los estudios de Stephen
King (2006) y Julia Kristeva (2004) para explorar el modo en que la au-
tora utiliza lo grotesco y lo abyecto para causar inquietud y; las ideas de
Pierre Bourdieu (1998) y Rita Segato (2018) para encontrar el subtexto
sobre violencia de género como móvil del terror.

Estos enfoques se integran al proceso hermenéutico para exami-
nar cómo la autora articula el terror cotidiano con la violencia de gé-
nero a través de dichos recursos. La interpretación siguió un proceso
ordenado en tres fases: (1) lectura profunda de la totalidad del libro,
(2) identificación y codificación de fragmentos relevantes según las ca-
tegorías propuestas, y (3) análisis interpretativo contrastado con los

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Imaginarios del miedo y violencia de género en Pelea de gallos de María Fernanda Ampuero

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postulados teóricos. Este procedimiento busca mantener un diálogo
constante entre el texto literario y el marco conceptual, permitiendo
extraer significados complejos sin perder de vista el contexto sociocul-
tural de la obra.

Análisis
El análisis de Pelea de gallos se organiza en torno a tres ejes que

permiten comprender cómo María Fernanda Ampuero articula el te-
rror cotidiano y la violencia de género desde lo narrativo, lo estético y
lo ideológico. Estos ejes surgen de la lectura hermenéutica de los rela-
tos y del diálogo con los marcos conceptuales propuestos, atendiendo
tanto a los elementos explícitos como a las tensiones y silencios que
configuran los imaginarios del miedo. Cada eje se desarrolla con el
apoyo de fragmentos seleccionados de los cuentos, cuya interpretación
se vincula con las teorías sobre terror, lo abyecto, el poder y la violen-
cia de género, con el fin de revelar las múltiples capas de sentido que
sostienen el terror cotidiano en la obra.

El hogar como espacio de violencia
En este primer eje de análisis se aborda la manera en que el espacio

doméstico, tradicionalmente asociado a la protección y la intimidad,
puede transformarse en un escenario de violencia, control y miedo. A
través de recursos narrativos que combinan lo implícito y lo explícito,
Ampuero deconstruye la idea del hogar como refugio para convertirlo
en un territorio donde la amenaza se instala de forma silenciosa. Para
ilustrar este desplazamiento simbólico del hogar hacia un espacio de
opresión, se analizan los cuentos “Monstruos” y “Ali”, en los que la
violencia de género se manifiesta de maneras distintas pero comple-
mentarias, siempre atravesada por el silencio, la sospecha y la asime-
tría de poder.

En “Monstruos”, el hogar aparece como un espacio donde el abuso
sexual se normaliza a través del silencio. La historia narra la experien-
cia de dos niñas gemelas que disfrutan del cine de terror y que están
entrando a la etapa de la pubertad. Los descubrimientos que hacen las
niñas sobre el mal y el terror no residen solamente en las advertencias

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que les hace Narcisa, su empleada doméstica que es apenas un par de
años mayor, cuando les dice que les teman más a los vivos que a los
muertos, sino en el hallazgo de la verdadera naturaleza de la maldad
en la figura de su propio padre, quien abusa sexualmente de Narcisa
en ese espacio compartido por todas: el hogar. Ampuero utiliza el re-
curso de lo implícito para construir un ambiente de tensión constante,
dejando que el miedo emerja a partir de pequeños detalles cotidianos
que desvelan una violencia estructuralmente oculta.

Uno de los fragmentos clave es otra de las advertencias que hace
Narcisa cuando a las niñas les llega su primera menstruación: “Ahora
son mujeres, la vida ya no es un juego” (Ampuero, 2018, p. 23). Esta
afirmación implica un riesgo inminente dentro del espacio doméstico,
pues ahora ellas también corren el peligro de ser víctimas de su pa-
dre. Narcisa encarna la figura de la víctima desechable, una empleada
que no tiene voz ni protección frente a un agresor que, bajo el rol de
empleador y cabeza de hogar, ejerce un poder absoluto en la casa. El
padre encarna la figura del dominador, quien convierte a Narcisa en
un objeto cosificado, como él mismo la llama: “el servicio”, un cuerpo
disponible para el abuso y el descarte.

La figura del padre es también un “monstruo sin cara”, una pre-
sencia ominosa que se manifiesta a través de acciones violentas y actos
de habla que deshumanizan a Narcisa. Cuando el personaje la llama
“el servicio”, por ejemplo, se expone el desprecio hacia la empleada y
se establece una dinámica de poder donde el agresor justifica la vio-
lencia sexual por su posición jerárquica. Este uso del lenguaje como
herramienta de dominación se vincula directamente con lo planteado
por Teun Van Dijk (2009) sobre la reproducción discursiva del poder,
así como con J.L. Austin (1955), para quien ciertos enunciados no solo
describen la realidad, sino que la producen y refuerzan. Así, el hogar
se convierte en un espacio de opresión en el que las niñas quedan ex-
puestas a la misma violencia que padece Narcisa, como se sugiere en
el final del relato:

Fuimos a buscar a Narcisa, pero la puerta del garaje estaba cerrada
por dentro. Escuchamos ruidos (…) El corazón nos saltaba como
una bomba. Había algo ajeno y propio en esa silueta que hizo que

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nos invadiera una sensación física de asco y horror. Tardé en re-
accionar (…) Papá nos dio una bofetada a cada una y subió las es-
caleras con calma. Ni Narcisa ni sus cosas amanecieron en casa
(Ampuero, 2018, p. 24).

En “Ali”, el horror en el hogar se construye a partir del deterioro
psicológico de la protagonista. Ali es una mujer que ha desarrollado un
pánico desbordado hacia los hombres tras haber sido víctima de abuso
sexual, posiblemente por parte de un miembro de su familia. Ampuero
retrata a Ali a través de las voces de sus empleadas domésticas, quie-
nes narran la decadencia de la protagonista mediante fragmentos de
diálogos, rumores y escenas de violencia autoinfligida. Estos recursos
refuerzan la idea de que Ali ha sido silenciada en su propio hogar, un
espacio que debería ser seguro, pero que se ha convertido en una pri-
sión mental y física.

La presencia constante del abuso se insinúa en frases como: “Se
decían cosas raras de esa casa. Que el padre a la hija, que el hermano
a la hermana” (Ampuero, 2018, p. 54). Nos encontramos aquí con uno
de los niveles de implicación del lector propuestos por King (2006): el
terror. En lugar de hacer explícita la violencia, Ampuero la insinúa a
través del discurso indirecto, creando una atmósfera de sospecha que
envuelve toda la historia. Ali vive con miedo a los hombres, temien-
do que su hija sufra la misma violencia que ella. Esta transmisión del
trauma refuerza lo planteado por Segato (2018) sobre cómo el patriar-
cado utiliza la violencia sexual no solo para castigar a las mujeres, sino
para perpetuar un estado de control basado en el miedo.

En uno de los momentos más crudos del relato, Ali se suicida lan-
zándose de un piso en un centro comercial. La violencia sexual ejerci-
da contra su cuerpo culmina en un acto de destrucción física: “Varios
gritos al mismo tiempo, el ruido de un cuerpo que se destroza, como si
lanzaras un saco de vidrio, piedra y carne cruda” (Ampuero, 2018, p.
56). Esta descripción convierte el cuerpo de Ali en un símbolo de resis-
tencia rota, un cuerpo marcado por el abuso que ya no soporta más el
peso del trauma. Aquí, Ampuero utiliza lo explícito, llevando al lector
al nivel del horror.

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En ambos relatos, el hogar deja de ser un refugio para convertir-
se en un espacio de terror cotidiano. En “Monstruos”, el padre es un
depredador que acecha bajo el disfraz de la figura paterna. En “Ali”,
el hogar es una trampa mental, un espacio de reclusión donde la pro-
tagonista se destruye a sí misma ante la imposibilidad de escapar de
los fantasmas del pasado. Ambos relatos permiten observar cómo la
violencia de género se asienta en lo doméstico como una estructura
de control, donde el lenguaje, los silencios y las jerarquías familiares
funcionan como mecanismos que sostienen el miedo.

El uso de lo grotesco y lo abyecto como estrategias narra-
tivas

Entre los recursos más significativos en la obra de Ampuero des-
tacan lo grotesco y lo abyecto, que funcionan como dispositivos narra-
tivos para intensificar el impacto en el lector, transformando situacio-
nes cotidianas en escenas profundamente perturbadoras. Esto se logra
mediante la descripción de violencia explícitas, imágenes viscerales y
referencias a fluidos corporales como: orina, vómito o excremento; ele-
mentos que generan incomodidad, asco y rechazo en los lectores. En
términos de Kristeva (2004), lo abyecto se vincula con aquello que des-
estabiliza la identidad, lo que debería permanecer oculto, pero irrum-
pe para quebrar los límites entre lo aceptable y lo prohibido. Por ello,
para Ampuero, el uso de este recurso es primordial ya que desestabili-
za al lector y promueve la sensación de inquietud.

En el relato “Crías, esta estrategia se evidencia en la asociación
entre violencia sexual infantil y canibalismo animal. La protagonista,
al regresar a su hogar de infancia, revive un episodio de abuso sexual
sufrido cuando era niña, vinculado a la figura de un vecino que le mos-
traba fotografías de hámsteres devorando a sus crías.

El acto, que ella encontraba inquietantemente fascinante, se con-
vierte en una metáfora de la depredación sexual, equiparando la mons-
truosidad animal con la humana. “(…) estaba él allí, con las palmas
abiertas, mostrándome pedazos de bebés hámsteres, pata y rabo en
la derecha, cabecita en la izquierda, y contándome que lo había visto
todo, desde el parto hasta el canibalismo” (Ampuero, 2018, p. 45).

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Aquí, Ampuero fragmenta los cuerpos y expone sus restos, activan-
do el registro de lo abyecto como lo que provoca rechazo y amenaza las
fronteras entre lo íntimo y lo impuro. El vecino, un niño que ya ejerce
como depredador, pues manipula y obliga a la protagonista a realizarle
una felación, encarna la figura del monstruo cotidiano, cercano y real,
en sintonía con lo que King (2006) denomina el horror que no requiere
elementos sobrenaturales para producir inquietud. La crudeza de la
descripción refuerza esta idea:

“(…) se limpió la mano en un pañuelo que sacó del bolsillo, se
abrió el cierre, me empujó la cabeza, dijo que me arrodillara, que
abriera la boca y que me metiera en la boca ese trozo de carne ro-
sada que él tenía entre las piernas. (…) Eso era el amor me explicó”
(Ampuero, 2018, p. 45).

Este vínculo entre lo grotesco y lo sexual se intensifica cuando, ya
en la adultez, la protagonista vuelve a encontrarse con el vecino: “Yo
sí, porque el olor es repugnante y tiene el vello púbico rasurado y la
verga muerta (…). Al lado de mi rodilla pasa una cucaracha enorme y
él la aplasta sobre la alfombra falsa persa” (Ampuero, 2018, p. 47).

El detalle del olor, el vello rasurado y la cucaracha aplastada mul-
tiplica la repulsión, creando un espacio sensorial saturado que fusiona
lo sexual con lo repugnante. Desde las teorías de Bourdieu (1998) y
Segato (2018), este tipo de representación refuerza la noción de vio-
lencia simbólica: la degradación corporal de la mujer que se somete o
es obligada a someterse para complacer al hombre, como herramienta
para dominar y deshumanizar.

En “Nam”, lo abyecto se desplaza hacia el cuerpo de la víctima, en-
carnado en el padre de una amiga de la narradora del cuento: un vete-
rano de guerra marcado por heridas y deformidades. La protagonista,
una adolescente que visita a su amiga, descubre un secreto familiar
cuando accidentalmente se encuentra con el padre de la amiga escon-
dido en una habitación oscura.

Ampuero construye la escena desde una perspectiva subjetiva que
intensifica el horror corporal: “No sé qué tengo encima. Ha caído sobre

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mí una cosa informe, aterradora. (…) Tiene cabeza, es un monstruo.
Su rostro, dientes amarillos y rabiosos, está pegado al mío. Apesta a
carroña” (Ampuero, 2018, p. 62).

Aquí, lo abyecto no es solo la deformidad del cuerpo del padre, sino
la forma en que su propia familia lo oculta, avergonzados de su condi-
ción. El horror radica no en lo sobrenatural, sino en lo que se considera
socialmente indeseable, lo que simbólicamente debe ser confinado y
escondido.

En ambos relatos, lo grotesco y lo abyecto operan como metáforas
del horror estructural: en “Crías”, el canibalismo de los hámsteres sim-
boliza la depredación sexual normalizada; en “Nam”, la deformidad
denuncia la violencia que margina y silencia a quienes no encajan en
el ideal de lo “aceptable”. Ampuero no recurre a lo abyecto solo para
incomodar, sino para exponer lo que el discurso social intenta ocultar:
cuerpos violentados, traumas silenciados y violencias que se camuflan
bajo la normalidad.

La construcción de imaginarios sobre lo femenino y mas-
culino

En Pelea de gallos, Ampuero aborda los imaginarios de género des-
de un enfoque crítico que expone cómo los mandatos de feminidad
y masculinidad se configuran como dispositivos de control, castigo y
dominación. En términos de Bourdieu y Segato, produciendo subjeti-
vidades femeninas y masculinas atravesadas por el control, el castigo
y la violencia.

Estos mandatos no son meras imposiciones culturales abstractas,
sino dispositivos encarnados en las relaciones familiares y sociales,
que legitiman la dominación masculina y condicionan las formas de
resistencia. Aunque todos los relatos participan de esta lógica, desta-
can “Subasta”, “Persianas” y “Luto”, donde se evidencian tanto las for-
mas de dominación como estrategias de subversión por parte de los
personajes dominados.

En “Subasta”, la protagonista, secuestrada junto con otras personas

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para ser vendida, transforma el cuerpo en un territorio de resistencia.
Recordando su infancia en una gallera, comprende que romper con
el mandato de feminidad, aquella exigencia de pureza, recato y pasi-
vidad, puede salvarla. En un gesto que conecta con lo abyecto, usa la
suciedad, el descontrol y la histeria como armas para producir rechazo
en sus captores.

En el contexto de la gallera, la protagonista descubre que los galle-
ros que cosifican a las mujeres y a los gallos tienen aversión a lo grotes-
co, a lo sucio, a lo que no se ajusta a los cánones de la feminidad. Esta
lección aprendida en su niñez se convierte en una herramienta clave
para evitar ser violada y vendida durante el secuestro:

Cuando me toca a mí pienso en los gallos. Cierro los ojos y abro mis
esfínteres. Me baño las piernas, los pies, el suelo (…). Grito como
una loca. Agito la cabeza, mascullo obscenidades, palabras inven-
tadas (…) Empiezo a reír enajenada, a reír, a reír, a reír (Ampuero,
2018, p. 30).

En este fragmento, la risa histérica, el lenguaje obsceno y el com-
portamiento irracional funcionan como actos de resistencia que le per-
miten a la protagonista salir del rol de víctima pasiva e imponer un
límite a sus agresores. Aquí, Ampuero invierte la lógica del mandato
de feminidad: el cuerpo de la protagonista se convierte en un espacio
de repulsión, en un campo de batalla donde la única forma de sobrevi-
vir es dejar de ser una “mujercita”, como solía decirle su padre cuando
era niña y volverse repulsiva. El cuerpo deja de ser objeto pasivo para
convertirse en un agente que interrumpe la lógica de cosificación. La
protagonista subvierte el rol que le impone el patriarcado, desestabili-
zando la expectativa masculina de placer y control.

En “Persianas”, Ampuero invierte la perspectiva: el protagonista
es Felipe, un niño que carga el mandato de “ser el hombre de la casa”
tras la ausencia paterna. Este mandato de masculinidad, lejos de em-
poderarlo, lo confina a una posición de vulnerabilidad y lo expone a un
abuso emocional y sexual por parte de su madre, quien proyecta en él
sus carencias afectivas.

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Red de Carreras de Sociología y Ciencias Políticas del Ecuador

Cuando Felipe le pregunta qué haría si él no estuviera, ella lo ma-
nipula diciéndole “Me muero también Felipe, me muero también. Tú
eres el hombre de mi vida, el único que no me va a abandonar nunca”
(Ampuero, 2018, p. 54). La manipulación se extiende cuando ella le
expresa que él es el hombre de su vida, frase que adquiere un matiz
perverso pues no es una expresión de cariño, sino la imposición de un
rol que despoja al niño de su infancia y lo obliga a encarnar una mas-
culinidad no deseada.

Esta idea se alinea con la afirmación de Segato (2018) sobre la im-
posición del mandato de masculinidad que los hombres sienten que
deben seguir para demostrar que son dignos de su género, pues deben
emitir una imagen de protectores y proveedores. Felipe, atrapado, con-
cluye: “No me gusta ser hombre. No se puede ser otra cosa” (Ampuero,
2018, p. 55).

Aquí, Ampuero muestra cómo los mandatos de masculinidad
también generan víctimas masculinas, obligando a los hombres a per-
formar fuerza y dominio incluso a costa de su integridad emocional.
Felipe es víctima tanto de la negligencia de su padre ausente como
de la opresión de su madre, quien lo manipula emocionalmente y lo
obliga a asumir un rol de protector que, incluso, termina derivando en
el abuso sexual.

Finalmente, “Luto” presenta la versión más brutal del mandato de
masculinidad a través del hermano de las protagonistas, que asume el
rol de guardián de la moral sexual. Convencido de que su autoridad
masculina le otorga derecho a castigar, encarna la figura del verdugo
patriarcal.

El hermano encuentra a su hermana menor masturbándose y de-
cide castigarla imponiéndole las peores torturas posibles: la encade-
na fuera de la casa, permite que sea violada por esclavos y hombres
del pueblo, él mismo abusa sexualmente de ella y la somete a castigos
físicos constantes. Cuando un amigo de la familia le pide que tenga
piedad de su hermana, él se niega en nombre de la moral y el ejemplo
que podría dar a otras mujeres: “Y si la suelto, señor, entonces las otras
creerán que eso se puede sin consecuencias” (Ampuero, 2018, p. 78).

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Imaginarios del miedo y violencia de género en Pelea de gallos de María Fernanda Ampuero

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El castigo físico y sexual, inscrito literalmente sobre el cuerpo de la
hermana, funciona también como violencia simbólica, una advertencia
hacia la otra hermana de la familia y a otras mujeres en el sentido de
Bourdieu (1998): no solo sanciona, sino que produce la norma y la re-
fuerza. Da pauta de cuál debería ser el comportamiento femenino, pro-
híbe a la mujer del disfrute sexual y le muestra lo que ocurrirá si se sale
de la norma. El cuerpo femenino se convierte en un texto donde se es-
cribe la ideología patriarcal, quedando marcado, mutilado y controlado.

Hay una escena en que la atmósfera intensifica el horror del casti-
go: “Alguien había escrito con un objeto punzante la palabra zorra en
su estómago, alguien había pisoteado su mano derecha hasta conver-
tirla en un colgajo, alguien le produjo un aborto a patadas” (Ampuero,
2018, p. 73).

Aquí, el cuerpo femenino se convierte en un territorio de castigo,
un lugar donde el mandato de feminidad se impone a través del dolor
y la mutilación. Ampuero convierte la escena en un espectáculo de ho-
rror físico, pero también ideológico: el control del cuerpo femenino no
es solo un acto de crueldad individual, sino un mecanismo estructural
que refuerza la dominación masculina.

El examen de las estrategias narrativas presentes en Pelea de gallos
revela que el terror que articula María Fernanda Ampuero se sostiene
en un delicado equilibrio entre lo dicho y lo no dicho, entre la crudeza
explícita y el silencio que deja al lector frente a sus propios vacíos in-
terpretativos. La omisión, el fragmento y la elipsis se configuran como
recursos tan potentes como la descripción directa de lo abyecto, lo que
confirma que en estos relatos la violencia no solo se narra, sino que se
deja ver entre líneas.

Esta dualidad no solo enriquece la atmósfera de los cuentos, sino
que también interpela al lector, obligándolo a participar en la recons-
trucción de los hechos y, en consecuencia, a confrontar su propia rela-
ción con el miedo y el dolor. El miedo se produce en los lectores cuan-
do empatizan y se identifican con las representaciones de lo femenino
y masculino dentro de los relatos, con lo que la autora logra su cometi-
do de insertar su obra dentro del terror social y cotidiano.

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Estos hallazgos permiten comprender que el terror en Pelea de ga-
llos
no es un efecto aislado, sino un sistema narrativo intencional. Am-
puero construye un espacio literario donde el horror no busca única-
mente provocar, sino también revelar las estructuras de poder, género
y violencia que atraviesan la experiencia humana.

Así, este cierre del análisis permite poner en perspectiva los
hallazgos de los relatos de Ampuero, mostrando cómo las estrate-
gias narrativas de terror, lo explícito y lo implícito, se entrelazan
con las estructuras de poder y los mandatos de género. A partir de
aquí, se puede pasar a las conclusiones, donde se reflexionará so-
bre el papel del horror social y cotidiano en la obra y su capacidad
para revelar la violencia y la opresión que atraviesan la experiencia
humana. De este modo, el análisis muestra que la autora utiliza el
género del terror como un dispositivo crítico en el que lo narrativo
y lo ideológico se entrelazan para incomodar y, al mismo tiempo,
interpelar.

Conclusiones
El análisis de Pelea de gallos muestra que el terror en la obra de

María Fernanda Ampuero se articula como una estrategia narrativa
y crítica que desborda lo literario para cuestionar las estructuras so-
ciales de género y poder. A través de tres ejes centrales: el hogar como
espacio de violencia, lo grotesco y lo abyecto como recursos estéticos,
y la construcción de imaginarios sobre lo femenino y lo masculino, se
observa que el miedo en estos relatos no responde a lo sobrenatural,
sino a lo cotidiano y estructural.

El hogar, tradicionalmente concebido como un espacio seguro,
aparece en los cuentos como escenario de abuso, silencio y opresión,
donde las jerarquías familiares se convierten en mecanismos de con-
trol. Por su parte, lo grotesco y lo abyecto exponen los límites del cuer-
po y de lo social, obligando al lector a enfrentarse con aquello que la
cultura suele ocultar: los cuerpos violentados, la suciedad, la enferme-
dad, la discapacidad y la muerte. Finalmente, los mandatos de género
evidencian cómo los roles asignados a hombres y mujeres funcionan
como dispositivos de dominación, que no solo violentan a las mujeres,

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sino que también oprimen a los hombres cuando no cumplen con los
modelos de masculinidad impuestos.

En este sentido, el terror cotidiano en Pelea de gallos se revela como
un mecanismo que amplifica y visibiliza la violencia de género. La es-
critura de Ampuero interpela al lector, no solo a nivel estético, sino
también social, al confrontarlo con los silencios, los cuerpos y las for-
mas de dominación.

En conclusión, el estudio de Pelea de gallos confirma que el terror
puede funcionar como una forma de denuncia y resistencia frente a las
violencias que atraviesan la vida cotidiana. María Fernanda Ampuero
convierte el miedo en un espejo de lo social, donde lo narrativo se vuel-
ve un espacio de memoria, crítica y subversión. De este modo, la obra
no solo se inscribe en la tradición del terror, sino que la expande hacia
un territorio propio: el del horror social y doméstico, donde lo ominoso
surge de lo más cercano.

Referencias
Ampuero, M. (2018). Pelea de gallos. Editorial Páginas de Espuma.
Austin, J.L. (1955). Cómo hacer cosas con palabras. Escuela de Filosofía Universidad

ARCIS.
Bourdieu, P. (1998). La dominación masculina. Editorial Anagrama.
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de gallos de María Fernanda Ampuero. Universidad Central del Ecuador.
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Kristeva, J. (2004). Poderes de la perversión. Siglo XXI Editores.
Lovecraft, H.P. (1927). El horror sobrenatural en la literatura. Madrid. Alianza.
Segato, R. (2018). Contra pedagogías de la crueldad. Prometeo Libros.
Todorov, T. (1981). Introducción a la literatura fantástica. Premia editora de libros.
Van Dijk, T. (2009). Discurso y poder. Gedisa Editorial.