EDITORIAL

La anterior edición de los ANALES de la Universidad Central del Ecuador (la primera realizada bajo mi dirección y la número 371 según la historia de nuestra institución) ha merecido generosas felicitaciones del mundo académico, tanto en el ámbito nacional como internacional. Aquí, puntualmente, quiero destacar los favorables comentarios a la Directora del Centro de Información Científica de la SENESCYT, Ing. Vanessa Quishpe, quien  supo valorar la profundidad y pertinencia de los contenidos, así como el cuidado de la edición y relaciones  internacionales de nuestra publicación. Como no podía ser de otra manera, esta positiva evaluación, nos impulsó a entrar en el proceso de indexación de nuestra emblemática revista. Para lograr tal objetivo, acordamos presentar el machote de este número 372 al Centro de Información Científica de la Senescyt, para su vigilancia y asesoramiento.

 

Según se nos ha informado, este número 372, cumple con los requisitos y normas de una revista que aspira a su indexación. Pero también debo advertir a nuestros lectores que la calificación para indexar una revista, no es de carácter individual (por número) sino que deben ser evaluadas tres entregas sucesivas. Por lo tanto, me llena de orgullo el dejar a los ANALES de la Universidad Central del Ecuador, enrumbados en el proceso hacia la meta propuesta.

 

Ciertamente que ha sido muy grato trabajar en estos dos números a mi persona encomendados, sin embargo no puedo soslayar que debimos hacerlo en medio de severas carencias logísticas. Más que un lamento, recordar esta realidad, me sirve para agradecer particularmente a la Lic. María Dolores Moya Álvarez, secretaria de la Unidad de Física de nuestra universidad, quien multiplicando el tiempo como a los panes y peces de las Escrituras, supo dar una asistencia inmejorable a nuestra publicación.

 

Jorge Luis Borges decía que le gustaba perderse en la lectura de las Mil y una noches, porque le hacía olvidar de nuestro pobre destino humano. Algo muy parecido me aconteció cuando investigaba antiguas ediciones de los Anales de la Universidad Central del Ecuador: descubrí la felicidad y el asombro que invocaba Borges para el proceso de conocimiento.

 

En esta línea de reflexión, estoy convencido que esta felicidad y asombro inspiró al filósofo francés Michel Foucault, la escritura de su libro “Las palabras y las cosas” y en cuyo prefacio señala: “Este libro nació de un texto de Borges. De la risa que sacude, al leerlo, todo lo familiar al pensamiento—al nuestro: al que tiene nuestra edad y nuestra geografía—, trastornando todas las superficies ordenadas y todos los planos que ajustan la abundancia de seres, provocando una larga vacilación e inquietud en nuestra práctica milenaria de lo Mismo y lo Otro. Este texto cita “cierta enciclopedia china” donde está escrito que “los animales se dividen en a) pertenecientes al Emperador, b) embalsamados, c) amaestrados, d) lechones, e) sirenas, f) fabulosos, g) perros sueltos, h) incluidos en esta clasificación, i) que se agitan como locos, j) innumerables, k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l) etcétera, m) que acaban de romper el jarrón, n) que de lejos parecen moscas”.

 

Desde luego, a la primera risotada que provoca esta insólita clasificación, prosigue el asombro. Asombro de aceptar que toda clasificación es de algún modo insólita y arbitraria y que nuestro sentido común, se pertrecha de —precisamente— lugares comunes y sintácticas previsibles.

 

Por esta razón, hemos preferido mantener el carácter misceláneo de esta publicación, antes que acartonarla con el “riguroso” criterio de otro tipo de clasificación.

 

Quiera la fortuna que nuestros respetados y entrañables lectores compartan la dicha y asombro que Michel Foucault encontró al leer “El idioma analítico de John Wilkins” de Borges, cuando se adentren en las páginas de este volumen.

 

Iván Oñate

Director

 

 

 

Publicado: 2014-12-02

Número completo

DOSSIER

FILOSOFÍA