Prólogo
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Resumen
La humanidad y la comunidad científica por alguna extraña razón han priorizado la reacción en lugar de la prevención. Sus esfuerzos se han enfocado en el descubrimiento de nuevas drogas para paliar las enfermedades, descuidando la importancia de la producción de alimentos nutracéuticos que aseguren la supervivencia de la especie humana.
En un mundo en el que millones de seres humanos padecen hambre, la necesidad de producir alimentos es imperiosa, pero más urgente e importante es producir alimentos sanos, los cuales están correlacionados con los ambientes en los que se producen. El concepto de salud del suelo se vuelve, entonces, imprescindible para garantizar volúmenes y disponibilidad permanente. Máxime cuando los procesos de erosión genética nos han conducido a una reducción de la biodiversidad, o lo que es lo mismo, a la dependencia de un reducido número de especies alimenticias de 6000 a 200, de las cuales el 66% corresponden tan solo a 9 cultivos, que son fuentes principalmente de carbohidratos, lo que ha desencadenado una serie de enfermedades crónicas en la mayoría de los casos, que para algunos investigadores adquiere un carácter apocalíptico, ya que la humanidad corre el riesgo de desaparecer si no se arbitran los correctivos necesarios.
Ahora bien, cuando se consideran los alarmantes índices de deterioro y erosión del suelo, que en algunos casos puede ser superior al 50%, se observa que aún existen alternativas eficientes, como las desarrolladas por los microorganismos que, al agruparse en consorcios, maximizan sus esfuerzos y potencialidades, contribuyendo de esta manera al mantenimiento y conservación de un suelo sano y saludable, y demuestran que no todo está perdido.
Es precisamente en este contexto que la Academia, consciente de su responsabilidad social, decide conformar la Red Académica de la Salud del Suelo, teniendo como objetivo ulterior la creación del Instituto Nacional de la Salud del Suelo. Esto permitirá, mediante la homologación de los indicadores de salud del suelo, la elaboración de planes, programas y proyectos regionales, así como desarrollar actividades de investigación comunes que contribuyan significativamente a revertir esta situación negativa en sus respectivas zonas geográficas de intervención, sin duplicar esfuerzos, sino todo lo contrario, repotenciando sus capacidades instaladas, en consonancia con los objetivos de desarrollo sostenible y las políticas de desarrollo del Ecuador.
La cooperación internacional es fundamental para procurar fondos competitivos, reforzar los proyectos de investigación y acceder a tecnologías de última generación. La vinculación con la sociedad en proyectos de investigación-acción evitará diluir esfuerzos y cumplir correctamente con el encargo social de transformar la realidad nacional con la participación de la colectividad. Consecuentemente, este Simposio convocó a conspicuos representantes de universidades, institutos de investigación, y organizaciones gubernamentales y no gubernamentales para diagnosticar el estado del arte en materia de salud del suelo. El ingente trabajo desarrollado, en varias décadas, por las instituciones participantes se recopila en esta memoria, que, sin descuidar el rigor científico, constituye el testimonio y una radiografía del esfuerzo realizado, generando ciencia con conciencia.
José Fernando Romero Cañizares, Ph. D.
Exdocente y exdecano de la Facultad de Recursos Naturales de la Escuela Superior Politécnica de Chimborazo; y Mentor del I Simposio Internacional sobre Salud del Suelo
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