Prácticas ancestrales de conservación de suelos

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Andrea Guapi

Resumen

El Ecuador está caracterizado por una gran variedad y riqueza de sus recursos naturales, la presencia de suelos volcánicos con un potencial agrícola elevado, y una amplia gama de climas en cortas distancias. Estas características han sido aprovechadas principalmente en la agricultura, sin embargo, poco a poco la erosión ha venido afectando a los suelos agrícolas. El equilibrio morfodinámico del país, frágil en condiciones naturales a causa de la agresividad climática (sequías extremas, lluvias torrenciales, heladas y vientos fuertes) y del relieve general accidentado, ha sido y sigue siendo cada vez más continuamente roto por el impacto agrícola del hombre. Al igual que en otras partes del mundo en nuestro país, existen prácticas ancestrales de conservación de suelos que han sido desarrolladas y utilizadas por las comunidades indígenas y campesinas a lo largo de generaciones. Estas prácticas suelen estar adaptadas a las condiciones específicas del entorno natural y son fundamentales para mantener la fertilidad del suelo y prevenir la erosión. Una de las tecnologías ancestrales del mundo andino son las terrazas agrícolas, conocidas como estructuras de producción construidas en las laderas, compuestas por un muro de contención hecho de piedra, tierra o vegetación, junto con una plataforma de cultivo. Crean microclimas específicos que protegen los cultivos contra las heladas y el granizo. Además de su eficacia para prevenir la erosión en terrenos empinados, también aseguran la conservación del suelo. También figuran la labranza reducida o cero y la cobertura permanente del suelo (especies que se siembran junto al cultivo principal para proveer cobertura al suelo). La biomasa producida por el sistema se mantiene sobre la superficie del suelo y sirve como protección física del mismo y como substrato de la fauna del suelo. Los sistemas de rotación de cultivos no solo ayudan a mantener la fertilidad del suelo, algunas plantas pueden fijar nitrógeno o extraer nutrientes específicos del suelo, también reducen la propagación de enfermedades y plagas, al tiempo que promueven la biodiversidad agrícola. El uso de abonos orgánicos, como compost y estiércol animal, es otra estrategia importante. Estos abonos enriquecen el suelo con nutrientes y mejoran su estructura física, aumentando su capacidad para retener agua y nutrientes, y reduciendo la dependencia de fertilizantes químicos. Los agricultores todavía ajustan sus labores agrícolas según las fases lunares; evitan trabajar en el campo durante la luna tierna y la luna llena. Sin embargo, cuando la luna está en su fase de cuarto creciente, considerada como «la luna está en lo alto», aprovechan para sembrar y deshierbar. Estas estrategias no solo mejoran la productividad agrícola, sino que también contribuyen a la conservación del suelo y el agua, reduciendo así el impacto ambiental de la agricultura.

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Cómo citar
Guapi, A. (2026). Prácticas ancestrales de conservación de suelos. Siembra, 13(3(Especial), e9600 . https://doi.org/10.29166/siembra.v13i3(Especial).9600
Sección
Resúmenes del I Simposio Internacional sobre Salud del Suelo